Damaris Calderón

 

Selección de poemas del libro Sílabas. Ecce Homo, realizada por Daniel Muxica, al igual que su presentación.

 

 

Césped Inglés


Los segadores
tienen una rara vocación por la simetría
y recortan las palabras sicomoro,
serbel, abeto, roble.
Guardan las proporciones
como guardan sus partes pudendas.
Y ejercen son condescendencia
el orden universal
porque el hombre
-como el pasto-
también debe ser cortado.





Mi cabeza está en otra parte

Literalmente:
fuera del camino.
Como el herido
convaleciente que
no puede ser
llevado en hombros.

Monsieur Guillotind
inventó una máquina
para separar
la cabeza del cuerpo.

	(La cabeza cortada
	contempla las cosas tal como son,
	el Presente puro, sin ningún significado,
	sin arriba no abajo,
	sin simetría, sin figuras.
	Sin desesperación.)

Rápida y eficaz
como el racionalismo.





Mezcal

Al fondo
de una botella
de mezcal
-como al final-
nos espera
 el gusano.
Mastico
en tierra seca
ese blancor
de setos vivos
para saber
a qué sabe
lo que nos comerá.






Los otros

Sobre mí
crecerá 
la yerba
que pisotearán 
los caballos 
de Atila



LA ZONA

 

Entre las palabras y las cosas
hay una zona que se interpone
como un hijo deforme

Es preferible ahogar a un niño en su cuna
que acunar deseos insatisfechos.

Toda la noche trato
de cruzar la frontera
de dinamitar
la zona.

 

 

 

INFIERNO (II)

 

La mujer
que maneja
el tren del subte
con una yerba alucinante
(sin respuesta)
no puede
salirse de la vía
o
estrellarse
(sin respuesta)
Sólo
un cambio
de línea
hacia
otra
nueva
oscuridad.

 

 

 

SÍLABAS. ECCE HOMO

 

Hablar del pájaro parlante
parlanchín posado en una ram
cantando (como diría Juan Luis Martínez)
en pajarístico.
Y el hombre es una lápida
un cuarto oscuro, una silla vacía
y una lámpara.
El que se aproxima a la lámpara
puede encontrar una salida
(o la ilusión de una salida).
¿Hay salida posible hacia afuera
o toda salida es hacia dentro,
hacia el reino de la raíz?
Hundirse como Virginia Woolf
con los bolsillos llenos de piedras en el río.
He aquí la verdadera ganancia.
Lo que no alcanzan los nadadores de superficie.
El optimismo es una bandera a media asta
pero ostentada con júbilo.
Un consuelo o un autoconsuelo:
"Yo me levanté de mi cadáver y fui en busca de quien soy".

 

Como el cirujano corta,
las sílabas se parten.
Carne de la escisión,
escisión de la carne.

 

Un pájaro vino con la cabeza vendada
una esquirla de la tercera guerra mundial
Apollinaire cantando en una jaula
los tetradragmas de oro de Ezra Pound.

 

Como la liebre en el soto,
la palabra en el lenguaje.
La angustia salta en el perímetro
y echa a correr por las azoteas.

 

 


Damaris Calderón nació en La Habana, Cuba, en 1967. Es graduada en Letras por la Universidad de La Habana. Obtuvo los premios El joven poeta e Ismaelillo por su libro de poemas Se adivina un país. En 1995 llega a Chile y se desempeña como editora. En 1999 recibe el Premio de Poesía de la Revista de Libros del diario El Mercurio, por su libro Sílabas. Ecce Homo, que fue presentado en Buenos Aires el 13 de Agosto de 2000 en los Encuentros de Poesía de Zapatos Rojos, con palabras de Daniel Muxica.

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