Diana Bellessi
( Los siguientes poemas pertenecen al libro inédito en los álamos veo) Retrato de unas damas Qué bien, esas señoras inglesas desnudándose para hacer almanaques Cincuentonas dispuestas a diversión y riesgo con objetivos altos: juntar plata. Tarea de beneficencia que hasta Evita aplaudiría, sí, guiñando un ojo y el otro, clavado en la bailanta más cercana recordando esto sí que es la vida Pero no llevarían por delante los títulos de diarios ni ningún pastor bautista a darles presto la absolución
Porque el trato señores es obra, caridad y no la diversión de la negrada alegre por quien estas señoras que aplaudo tanto y tanto en un pueblito inglés se desnudaron. Ellas dicen, se inspiraron en aquella película de streapers donde todos eran desocupados Qué bien, qué divertidos somos cómo aprendemos la lección. Es la cuna del feminismo y Engels aplaudiría igual que yo, clap, clap el mono aunque nunca quizás se fundiría en esa noche de bailanta, arde y lo que arde quema y no entra en almanaques, caderas, sudor, tetas se gastan en el aire para nada, ninguna capelina inglesa las cubre, ¿pudor?, no, un borrón, aquí no hay teletipos ni diarios ni pastor metodista -perdón, no era bautista- sutil diciendo: veo más que eso asomándome a esta cerca. ¿Acaso se desnudaría usted? musitó el periodista, me pagan por andar vestido, respondió y clap, clap cómo aplaude esta mona que nunca conseguirá la gracia plena y áspera de otra cuartetera bailanta Trajecito inglés y capelina pálida Sudorosos en el porche Se ha bañado en la hora caliente del mediodía y ahora, posado entre las ramas de la hortensia se despulga y se peina con su pico batiendo grácil las alas. A sólo un metro de distancia. Estoy quieta mientras leo y no soy de presa, un árbol más que no le da miedo. Qué regalo esta secreta cercanía nuestra, yo en la veranda y él en la rama tan despiertos y tan en calma somos vecinos el zorzalito y yo Gracias, no se moleste Se va de madre, Señora, de verdes y de gamas como sólo usted lo sabe, y es tan pronto, locos los pajaritos y yo también un poco un santo deleite turbulento me hace olvidar las horas destinadas, ¿a qué? Ah no sé. Tánto ovillar los días y perderlos para hacer ¿la vida? Solita en usted se hace, tardía en mi mirada y temprana para todo lo que vive, abierto ya el portal de setiembre Gracias, no se moleste, si pudiera, algo en rojo o blanco o fuccia, sólo el lila tenue o ese ámbar de las rosas, no pido un amarillo intenso, no, Señora, algún matiz que le sobre, una coronita de novia desplumándose en la brisa, polen, penachito de la suerte en mi cabeza para ser otra más, yuyito de su hierba y rogar, que él nos vuelva El ángel del jardín con sus enormes alas agostándose, no quiera mi Señora, llevárselo Bolivia Tan sutil airecito de sikus el sabor de esta chicha dorada viene y va en totuma tan fina pesa menos que si fuera cristal Dan un giro avanzando livianas y otro giro ahora al revés. Polleras que en círculos como anillos de astros hacen cielo y al son graves trompetas Vienen diablos, los morenos y un ángel vencedor Belleza de dos mundos con aritos y larga cabellera, los charangos los piecitos desnudos de las niñas bailando el asfalto Tan sutil porque saben qué hacen Virgencita de la Copacabana, Bajo Flores: presente! Laferrere: sí, presente! Villa Celina: cómo no: presente!... Y así cincuenta cuadros de bailantes pasan por la enramada La Patria es Grande, y muy sabrosa en la calle esta chicha dorada Ya lo sabe: por Pompeya en octubre miles de almas, no lo dicen los diarios sotto voce chicharrón y picante gente amable los Bolitas le muestran otra estética Tan lejos y tan cerca casa nuestra si yo no lo supiera ellos saben donde está la grandeza Trébol de 4 hojas La mano barre y el ojo busca en cuclillas. ¿Ha perdido la paciencia? o ya no se encuentran tréboles de la suerte. Cuatro hojas, tributo del diferente o error de naturaleza Tan deseado y tan temido otro, la niñez lo daba fácil ¿Cuánto hace que encontré el último? Mucho. Baila la frase en el ocho, duplo de las cuatro hojitas de oro pero el monstruo no aparece ¿Será la tierra o acaso la ingeniería genética? Si mandara al no buscar vendría pronto la suerte, ágil como un gamito o una pulga que viene sin ser llamada, la infancia, más acto y menos pensamiento, ¡mirá eso!: verla correr sí que es un obsequio de la tarde, allí va Talita Kumi, salta y brinca entre los tréboles que acaricio con la mano, más abstractos son ahora los designios porque todo lo viviente es una magia ¡gracias!, sea tonta o sea sabia. Quién, si la muerte no estuviera a pocos pasos vería esta belleza sabiendo es toda suerte de los días luminosos, trébol aún de tres yo te consagro La canción resuena siempre El destino común es aquello que vuelve, a veces es la fe quien va adelante o es filo de la razón que hiere pero otorga un soberbio estado de claridad que aquieta, controla horror y sueño mas su destino es caer tocada por su propio filo y el desorden que nunca es presa, es trampa el orden, su ingenua intención de encerrar en un vaso el oceáno Si se dieran lugar cediendo como la voz a la lengua y ésta al misterio aunque alce ladrillitos, casa o nido de intimidad donde se entienden, uno a otro así debidos lo pequeño y lo infinito La balanza siempre está a la vista, allí, en la risa de un niño o en el llanto o trino de lo que muere y nace y sobre todo ¡buen día! aquí, en la mano tendida. Intentamos con la ley poner coto, afán desmesurado de ser donde perdemos nuestro ser por jerarquía Está bien, si inmantada por la fe nos uniera la vara de esta ley que separa y ordena, sostenidos por otro nos ponemos de pie, no es la propia boca aquello que queremos, sino la intuición de que lo propio vuelve sólo desde lo ajeno La mañana de invierno acuna, la palabra saciada en el silencio habla, pero no si antes no pasa por el trueque: ¡lindo el día!, ¿un mate?, hasta la vuelta, siempre Alondras Juan y la joven amiga de una amiga de Ramón Son putas dijo la gente pero yo los ví quererse como pocas veces ví Irradiaban esos dos aquella luz, y a su paso el verano les abría su puerta dulcemente Recostados sobre el muelle, la cabeza en el regazo acunándolo al Juancito en un capullo dorado Los amo, murmuró el día, y yo con él para siempre Así fue. Pero llegó la ley. Menor, paraguayo y la madre apareció buscándolo. Esas lágrimas nunca las olvidaré Dos años después volvió Juancito, tuvo mujer y también hijos, y tuvo esa sombra detrás. Dulce y cruel herida es haber sentido. Nos vuelve amargos o compasivos. Por él, tan bello y triste, existe Shakespeare. Por ella, a quien más no vi. Así las historias acompañan y nos salvan. Cuando voy de vos, hondo estoy en mí El rehén escapa Veranito de julio si las plantas se extravían y yo también. Mis pies caminan como raíces y adelante está esa lámina que mi madre recuerda, la escuela, sus nueve años: Lámina de la vaca pastando Y ella dice que decía: "qué digo, qué escribo, he ahí una vaca, ahora qué" Angustia frente al objeto rotundo que en su descripción no se despliega "Cómo celebro o discurro frente a esta vaca que ocupa todo el lugar". Hasta que alguien le dijo: "mirá detrás" Y mi madre: "¡claro! me dije: leche, queso... para que sirve y lo demás" Mis ojos brillan ante la anécdota oída mil veces, ahora plena Y sigo con ella: "sí, le salen alas y por la noche vuela tu vaca pastando nubes y el trébol brilla en sus ojos de rocío y pampa... la vaca ah tu vaca". "No tanto" me dice ella, y se ríe viendo que nos vamos lejos por la ventana de la escuelita, aquella lámina que aún recuerdo y agrega: "seguro que allí está, en la pared colgada" bajo tortura o galopando magia sin permiso la vaca, la preciosa complicidad de verte madrecita como yo a veces un tanto extraviada Esto es aquello que en el otoño la vida te regala Robin Hood ¿Lleva cerrojo la boca del sueño? Seguir es fatigoso, voluntad vuelta deseo no es lo mismo, creo, que el aire incandescente donde ver vuelve al deseo anhelo, compromiso solamente de no caer, grosera gravedad del pensamiento que empuja a tierra la manzana, ¿la ves allí?, en la punta de su rama, cintila la sustancia plena y modelada en su peso justo orlada del brillo que le da la pertenencia. Decir: copa del manzano, brazos donde ir sin transición del sueño a la página, abolida intemperie de la imagen que reclama, siempre, una coherencia como precio del peaje, soñar en vigilia es tejer el hilo roto, ver la boca del hambre, el mordisco, la manzana y trasladar el abrazo a nuestro brazos, compromiso en despertar temprano. Pertenencia Love story Estábamos tomando mate en su rancho bajo un mediodía de oro en las riberas, San Pedro era y ella doña Aurorita López Iban y venían tramos de vida con el amargo Los vecinos, la miseria, el que está en el río come, dijo, Dios y Evita y qué ojos tiene m'hijita hasta que el relato ancló en su hombre escuchando manso mientras hacía el estofado Supe ser buenamoza dijo y aquí amarró su barco un hijo del gringo Ford. Me propuso matrimonio Consulté a mi padre y él que sabía yo esperaba al que hoy es mi marido sirviendo de soldado allá en el sur, me miró de frente y dijo: "Sepa usted y para siempre, el corazón es una achura que no se vende"