Esteban Moore
Partes
Mínimas/
Minima Naturae
Índice 1 Nota 2 Prólogo Jorge Andrés Paita 3 Partes Mínimas 1-17 4 Data 5 Noticia de los autores
revista El Duende, San salvador de Jujuy, revista literaria Diario Presencia, La Paz, Bolivia; revista Crítica, Universidad de Puebla, México; revista La Guacha, Buenos Aires; revista Letralia, Mérida, Venezuela; revista Rizoma, Buenos Aires;
Partes Mínimas, por Jorge Andrés Paita
Esteban Moore confirma
ahora, en Partes Mínimas, la condición de poeta personal e innovador
que ha venido mostrando en otras ocasiones. Así, por ejemplo, cuando nombraba
"la patria", desentumeciendo la expresión de hieratismo de museo y reanimándola
en una atmósfera de ternura casi doméstica; así cuando arriesgó, indemne, más
de una jugada con el voseo, aventura siempre tentadora y problemática en estas
latitudes (como observó con profundidad Murena en un ensayo de El pecado
original de América), de la que hay muestras también en este libro.
Componen Partes Mínimas diecisiete muy breves poemas en prosa, de carácter
voluntariamente fragmentario, que comentan o son comentados por otros tantos
brevísimos epígrafes, líneas de autores muy diferentes entre sí, de diversas
épocas e idiomas, si bien predominan los de nuestra lengua. Grato misterio si
los epígrafes -con referencia bibliográfica al final y con traducción, cuando
es el caso-inspiraron los poemas o si éstos, una vez formados en la mente del
autor, los reclamaron como complemento. Porque sí es evidente la tensión unitiva
entre unos y otros, como si fueran voces-ecos o ecos-voces en inesperada y como
predestinada colaboración.
La conjugación de las dos series de fragmentos, los del poeta y los de los autores
citados, es el recurso compositivo que estructura y unifica el libro. La bella
unidad que éste presenta no parece originarse meramente, con todo, en esa operación
estilística de unificación, en esa integridad de forma; se diría que nace de
la unidad de concepción o de fondo. Porque es único, y bastante insólito, el
motivo que recorre y vertebra los textos: la acción de la incesante y omniabarcante
naturaleza. Si se prefiere un símil de la terminología teatral, digamos que
el protagonista de estos poemas es el planeta. Esa pizca de cosmos que es nuestra
Tierra nos muestra en Partes Mínimas una variada gama de sus actividades,
que llamamos fenómenos naturales (Desde antes del famoso terror de Pascal ante
el "silencio eterno de los espacios infinitos" nos tranquiliza llamar a los
fenómenos terrestres naturales y no cósmicos, aunque de hecho
lo sean).
Y algo intranquilizador resulta, para qué ocultarlo, que el conjunto de estos
poemas -suerte de fuga consistente en variaciones del único tema, o suerte de
Aleph que lo visualiza en imágenes impresionistas o expresionistas-no destaque
al mundo humano contrapuesto (o por lo menos especialmente integrado) a la naturaleza,
como instintivamente reclaman nuestros ya inveterados hábitos mentales; aparece,
cuando aparece, más bien sumido en ella y en postura a menudo marginal. Así
las grandes ruedas de un tractor detenido entre la maleza removida por la vasta
oleada de la brisa; las lámparas eléctricas que convocan nubes de insectos en
la selva nocturna; la combustión de un motor y el ritmo de la sierra mecánica,
en medio de un sugerido bosque, presentados como, en otro fragmento, es presentado
un halcón que planea midiendo la distancia entre la presa elegida y sus garras.
La frecuente combinación de magnitudes máximas y mínimas hace intensas las imágenes;
las graciosas codornices, vívidamente captadas por el ojo poético de Moore,
nada saben del fragor del lejano deshielo, pero de algún modo lo leen en el
brillo de las gotas; la mano que sopesa un canto rodado palpa también un inmemorial
trajín de aguas y de edades; otra piedra tocada, al despertar en la mente la
palabra "meteoro", desencadena una instantánea percepción de espacios siderales.
Cuadros misteriosos, cuya atmósfera se enrarece aún más cuando, en algún pasaje,
la marginalidad de lo humano se margina hasta desvanecerse, dejando ante el
lector un mundo entrevisto un instante antes o un instante después de la presencia
del hombre en la tierra, un mundo de puras presencias elementales o puras ondas
de energía en caprichoso entretejido. La imaginería, de impresionista y expresionista,
pasa entonces a ser abstracta; la mirada del cosmólogo se ha combinado con la
de un físico atómico algo fantaseador y travieso.
Personal, por cierto, un libro que suscita pocas comparaciones posibles. La
filiación de Heráclito u otros presocráticos, si no del todo desechable, se
diría algo incidental y lejana.
El título del famoso poema de Lucrecio, De rerum natura, parece resonar
en la variante latina del título de Moore, que completo es Partes Mínimas/Minima
Naturae. Cosas o partes mínimas de la naturaleza. Pero la similitud es también
tangencial. Aparte de que la palabra "naturaleza" no tiene el mismo sentido
en los dos casos, ya que en la sistemática concepción del romano vale como "índole
o carácter esencial" (de las cosas, de la realidad), este azaroso ramillete
de miradas al mundo que nos tiende nuestro compatriota no intenta el compendio
de una filosofía; tampoco el diseño de una cosmología, si bien la trasunta en
sus imágenes. Trasunto que intriga, como todo lo tácito.
Si Esteban Moore profesa implícitamente la cosmología creacionista predominante
en Occidente, no parece adherir a su formulación canónica, que es también la
más popular, fabulosa y problemática: la Creación ocurrió en el umbral del tiempo
y lo que vino después (el tiempo) es su consecuencia; se diría que acepta una
versión menos reductible a términos espaciales (en la que tal vez coinciden
aun sin decírselo casi todos los poetas): la Creación no ocurrió sino que está
ocurriendo incesantemente, proceso del que sus poemas serían vívidas instantáneas.
Criterio que se toca con la cosmología no creacionista de doctrinas como el
taoísmo y el budismo, que podría resumirse así: el universo es infinito y eterno
precisamente porque es increado.
No faltarán quienes vean en algunos rasgos de escritura -ciertas aventuras con
el lenguaje, concebido como patio de juegos de las "palabras en libertad", y
un sistema de puntuación cuya extraña complejidad se revela prescindible a la
lectura atenta-uno de los méritos experimentales de este libro, opinión que,
debo decirlo, no puedo compartir. Tales recursos, muy empleados aún por jóvenes
y no tan jóvenes (y, por lo visto, hasta por poetas capaces de innovación esencial,
como Moore) no son ya experimento sino repetición o variación módica de experimentos
de décadas atrás, cuando e.e. cummings minusculizaba con furia y gracia, cuando
pocos estampaban sin sonrojarse un punto final, cuando Huidobro, o Larrea, o
…jugaba con violondrinas y goloncelos correteando por el horitaña de la montazonte
… Conformistas, casi académicos nos van pareciendo los remedos de aquellas audacias,
pues cumplen ortodoxamente los ritos de una heterodoxia consagrada en los años
'20 y ya canónica en los '50. Pero no nos equivoquemos: si nos van pareciendo
también anticuados no es porque exhumen una moda de ochenta años sino de sólo
ochenta años. El vanguardismo de retaguardia -llamado ahora estilo 'posmoderno',
con neologismo que revela por sí mismo su indigencia de significado - es anticuado,
por cierto, pero por falta de antigüedad.
Claro, la formidable crisis que sacude a nuestra especie reclama, aun en lo
estético, balances históricos más abarcantes, panoramas de altura, pero el fin
de siglo distrae en su pequeña crónica, bajo cuyo peso parece inclinarse, abatiendo
también la mirada de quienes ceden a su inervante influjo. Tal vez como todos
los fines de siglo, sólo deja brotar de su tierra exhausta el preciosismo decadente
y, como alternativa, el nihilismo. De allí que los conservadores más extremistas
de lo que fue la revolución literaria y artística de principios del siglo XX
adopten actitudes desesperadas, divergentes aunque complementarias. Mientras
unos practican la estética de la degollación de las formas y la procacidad sistemática,
combinada o no con el reciclaje de deshechos ideológicos, otros se aplican a
dos extravíos mayores: desarrollar una suerte de "dialecto órfico", o de lengua
exclusiva de la poesía (productora, en el mejor de los casos, de un plástico
verbal de más o menos atractivo diseño) y fraguar un idiolecto, o lengua exclusiva
de cada poeta, delirio responsable de la circulación de galimatías varios.
Pero bien, a esta altura, debo también decir, para cerrar la digresión, que
los juegos verbales, leves e incidentales en este libro, no empañan el pensamiento
poético de Moore y que la abstrusa puntuación no altera el fraseo rítmico y
la imaginería diáfana de sus poemas, tal vez como señal de que por debajo
de la puntuación escrita opera otra puntuación oral, que es la común y corriente.
Una observación más: los comienzos con minúscula y los finales sin punto resultan
funcionales, pues subrayan el carácter fragmentario de los textos. Y otra, a
mi juicio más significativa: lejos de los extremos señalados, Partes Mínimas
mantiene en general el saludable ejercicio de la lengua común, que con todas
sus virtualidades no comunes es el único y universal vivero de la poesía que
atraviesa ilesa modas y modos.
No en el plano de la escritura sino en el de la concepción se dan, me ha parecido
ver, los logros experimentales, es decir, de innovación esencial, que ofrece
este libro. Uno, ya mencionado, reside en que la obra se estructura sobre la
asociación de la voz del poeta con la de otros escritores, también poetas en
su mayoría. Que el concurso de voces complementarias tan heterogéneas no comprometa
la homogeneidad del conjunto es mérito del sentido selectivo, de la idoneidad
poética, pero también de la sujeción de ésta a la visión poética, a la unidad
de fondo ya señalada. Como, además, varios de los autores citados son geográfica
y temporalmente distantes, la operación constituye un infrecuente ejemplo de
"sinfronismo", o sea de "diálogo entre los espíritus a través del tiempo y el
espacio" (creo ser fiel a las lejanas clases del ilustre y querido profesor
Castagnino). Y es de celebrar que un poeta ponga en lugar central ese género
de diálogo, ya que es el hecho central por el que la literatura sigue viva,
a pesar de los parámetros sincrónico y diacrónico, entre otras necedades
con que los críticos "científicos" de los últimos decenios están tratando de
matarla.
Partes Mínimas revela otro rasgo infrecuente cuando se observa que, prescindiendo
de una tácita convención más que secular, ensaya un tipo de poema que no es
estrictamente el poema lírico. Si bien la lírica es, desde la antigüedad clásica,
una de las manifestaciones específicas (y de las más bellas) del arte de la
poesía, a partir del Romanticismo se ha venido erigiendo en especie exclusiva,
reduccionismo que ha dejado baldíos y sin cultivo, salvo excepciones, los otros
dominios de ese arte: la poesía como narración, la poesía como drama y la poesía
como meditación. Pues bien, los poemas de este libro trascienden el lirismo
aunque no lo abandonen en sus modalidades habituales de léxico y tono. No llegan
a narrar, pero presentan escenas y episodios de la naturaleza que permitirían
hablar de una embrionaria épica de los elementos. No reflexionan explícitamente,
(y en poesía no ser muy explícito es siempre una virtud), pero impresionan como
resultado de una meditación teñida de sobria emoción y la suscitan. El derrame
emotivo, la peripecia autobiográfica o las máscaras que asume el yo para mitificarse,
procedimientos habituales de la lírica, no intervienen. Yo no sabía que Esteban
Moore, porteño de pies a cabeza, tuvo una niñez campesina; podría habérmelo
sugerido su sensibilidad para los vastos espacios y los populosos reinos de
la naturaleza; saberlo no hubiera agregado nada, sin embargo, a estos cuadros
surgidos de una visión impersonal y universal, de linaje clásico.
Y es justamente el inesperado punto de vista que ensaya esa visión poética la
innovación mayor de este libro, si estoy en lo cierto. Es un punto de vista
que ha experimentado, de manera sutil y tal vez algo impensada, un desplazamiento
de la inveterada posición antropocéntrica desde la que el hombre occidental
mira todavía al universo. De allí que la imagen y el sentimiento del mundo plasmados
en estos poemas traigan un 'no sé qué' de continente nuevo y remoto, cierta
atmósfera de intemporalidad, una luz inquietante, como de amanecer del Génesis
o de atardecer del Apocalipsis. Claro que, a diferencia de la señalada insumisión
a la hegemonía del lirismo, simple contravención, al fin y al cabo, de un convencionalismo
literario de poco más de siglo y medio, esta imprevista forma de contemplación
cuestiona la concepción del mundo que hemos venido manteniendo durante los últimos
setecientos años. Mejor dicho, nada cuestiona: pone en evidencia, implícitamente,
que el punto de vista básico de todo un ciclo cultural ha perdido estabilidad,
con lo que ha quedado desdibujada la imagen del mundo que había venido elaborando
desde el origen de los tiempos modernos.
Desviación profana de la revolución producida por el Cristianismo con el Dios
que se hizo hombre para salvación del género humano -novedad sacramental que
había dilatado el horizonte etnocéntrico del judaísmo, asentado en torno del
Dios personal en alianza con su pueblo elegido--, la actitud antropocéntrica,
convirtiendo en absoluta esa relativa exaltación del orden humano, desbordó,
ya desde fines de la alta Edad Media, todos los diques teocéntricos con que
la sabiduría tradicional trataba de contenerla. Y empezó a gestar la Modernidad.
Y al calor de los ímpetus de este ciclo histórico germinó la inversión que la
desviación originaria llevaba en su seno: no el Dios que se hace hombre, por
amor y para salvar, sino el hombre que pretende deificarse, por su arbitrio
y para su ilimitado progreso. Hybris prometeica o soberbia luciferina, a elección.
En todo caso, felix culpa, fecunda en grandezas y miserias.
Hace mucho que la Modernidad dio sus momentos más altos y luminosos (Humanismo
e Ilustración, en el pensamiento; Clasicismo, Barroco y Romanticismo, en las
letras y las artes), de los que todos somos en alguna medida criaturas, y hace
bastante que se empezó a denunciar su decadencia, signada por un desarrollo
unilateral, primero, de la razón, con desconocimiento absoluto de la intuición,
y después, de la ciencia y la técnica. Desarrollo unilateral, creciente y acelerado,
cuyo reverso simultáneo fue una creciente y acelerada desacralización: léase,
creciente y acelerado alejamiento de los principios metafísico-espirituales
que son fundamento de todas las grandes tradiciones religiosas; léase también,
creciente y acelerado olvido, en medio del trajín humano, "demasiado humano",
de la realidad primordial, de la realidad cósmica. La conciencia de esta última
la conservan los místicos, los maestros espirituales y, a veces, los poetas,
como es el caso del autor de este libro.
Si bien es cierto que ahora, en estas postrimerías de la modernidad, la actitud
antropocéntrica está tan en crisis como casi todos los valores y presupuestos
del período, persiste sin embargo, como hábito mental inconsciente, operando
por inercia -y persistirá sin duda mucho tiempo, redes televisivas e informáticas
mediante--, como por inercia persiste la visión geocéntrica en la mentalidad
cotidiana de todos nosotros, incluidos los científicos. De allí que cuando un
poeta, desplegando con serena inocencia una mirada nueva, se desprende de su
tácito imperio haya que destacarlo. Los poetas son las antenas de la tribu,
como definía Ezra Pound; sobre todo, se podría agregar, cuando al arte del poeta
como "artifex" se asocia la visión del poeta como "vates".
No habría que confundir los paisajes verbales de Partes Mínimas con otro
nostálgico "regreso a la naturaleza"; parece evidente que, no obstante su intemporalidad,
captan imágenes de un momento en el que la "aldea mundial"se topa frente a frente
con la naturaleza cósmica, manipulada hasta donde ello es posible, pero olvidada
en su esencia por nuestra civilización. Un poema, con ecos de Heráclito, coteja
"las ciudades/que despliegan en la planicie desolada sus abanicos circulares"
con la "vibración íntima" del fuego y la ceniza calcinada, coteja el
orden humano, artificial y efímero, con el orden elemental del universo. Es
un poema que hubiera podido tener también como epígrafe este pasaje de Lichtenberg:
"Roma, Londres, Cartago, no son sino nubes más perdurables que se transforman
para acabar desvaneciéndose."
Si en general Partes Mínimas se presta poco a comparaciones, no sucede
lo mismo con el sentimiento del mundo que transmite. Al leer sus poemas acuden
a la memoria Thoreau, Merton, la poesía del zen, San Francisco de Asís…, todos
los que han mantenido con la naturaleza una relación entrañable y han intuido,
en un súbito abrir de ojos, que lo cósmico bien entendido empieza por casa,
pues el nacimiento de un niño es primordialmente un acontecimiento de la misma
esencia que el pasaje de un cometa por el firmamento. Es un sentimiento del
mundo primariamente religioso, que adelanta lo que probablemente será tarea
del próximo siglo y del próximo milenio: resacralizar el mundo y la vida. Y
resacralizar también al hombre, que bien maltrecho ha quedado entre las ruinas
de la civilización antropocéntrica, luego de precipitarse por un despeñadero
de abstracciones sucesivas: de Rey de la Creación pasó a Cúspide de la Escala
Evolutiva y ahora es un ADN o un Grupo Sanguíneo; de Ciudadano, honroso título
con que la Ilustración lo inscribió en nuestras viejas y queridas Constituciones,
se ha convertido en mero Consumidor y Contribuyente, computarizado a los efectos
Tributarios y Mercantiles, triste bípedo descreído en trance de robotización.
Y ojalá que la resacralización de los poetas y de los pocos sabios que en el
mundo son se adelante a la que amagan los hirsutos resacralizadores teocráticos,
que asoman en el horizonte de la estulta "globalización" de los mercaderes:
no son más espirituales y harían más daño que el mal al que se oponen.
En este tiempo de postrimería, en el que los poetas han de elegir entre sumarse
a la postrimería, o sea, a la decadencia, o arriesgarse por la incierta y oscura
senda de los precursores, creo que Moore está sembrando en beneficio de la poesía
venidera. O dicho de otro modo: estas Partes Mínimas, que componen un
volumen mínimo, son portadoras de más de un destello de poesía mayor.
Jorge Andrés Paita
Buenos Aires, 1999.
"Como olvidar que lo sabemos
Tiempo que entreabre los párpados
Y se deja mirar y nos mira"
Octavio Paz
"Strahlenwind deiner spragge" 1
el viento que sopla desde el desierto cristalino
tan blando como un terzo cielo -anunciará del
universo, infinitas desconocidas geometrías/el
más pequeño de sus detalles / los dominios de
una agregada luminosidad
"not things but minds"2
los glaciares en la lejana patagonia impulsan/ el
tamaño -de su acumulado volumen/-- recreando
bajo la magnitud de sus formas/ --una música de
aguas
"confondant la nuit et le jour"3
la naturaleza de las ciudades / que despliegan en
la planicie desolada -sus abanicos circulares/ no
será nunca correspondida/ de la vibración íntima
que irradia del fuego -esta ceniza calcinada
"Piedra como tú"4
esta enlodada piedra de metal/ del tamaño ---de una ciruela
del Alto Valle -que comparte con la roca gris y los arbustos
secos/ las arenas de este territorio -a tus ojos en la distancia
tendido/ no recuerda sus orígenes ---sin embargo cuando tu
boca pronuncia la palabra "meteoro", fulgirá ella de la fosa
profunda de tu voz/ constelaciones numerosas
"Aquí en el silencio,/ oigo" 5
una brisa nocturna ---atraviesa los campos roturados
agita las hojas del eucalipto -el crecido follaje de los
cañaverales/ roza sonora ---las grandes ruedas de un
tractor detenido
"The pebble/ is a perfect creature"6
ese canto rodado -que se desplaza lento en el repetido
ciclo de las aguas / podrá exponer en la palma de una
mano / el mudo resplandor de su apariencia / -al tacto
inseguro de tus dedos -una estructura única
"al sonido de su nombre" 7
el nombre arbitrario de este objeto que te desvela
botella, tornillo, o piedra/ que si lanzado de voces
declina la invisible trayectoria de alturas/ entrega
al esfuerzo de tu oído/ el hueco eco de la colisión
la característica de los cuerpos, peso, tamaño, etc.
"In the main of light"8
en un escenario dispuesto por la luz/ -las rocas extienden
en sombras alargadas su inmensa redondez/ -en el aire al
zumbido en vuelo de los insectos/ -el escape de un motor
señala con el agobiado paladeo de furiosas erres flotantes
dilatadas en una nube ácida de combustible quemado/ -el
ritmo de la sierra mecánica/ la tala de los árboles
"like a thunderbolt he falls"9
la onda de aire cálido/ que flota el cielo del pequeño
valle/ sostiene al halcón en magnífico planeo de alas
abiertas/ y de él -el ojo atento/ que mide la distancia
que separa la presa elegida de sus garras/ ojo certero
que dirige preciso/ los relámpagos del instinto
"all is emptiness"10
la curvada línea de fuego/ el rastro de este cometa
que -con trazos de luz explosiva, ilumina el oscuro
plano cóncavo del firmamento/ describe la cadena
encendida de su recorrido/ huella instantánea -que
al consumirse elude toda referencia orbital
"Altre tu en clausura"11
si mi ojo advierte de esas altas cúpulas del cielo/ una elipsis
que no culmina sobre sí misma/ entonces -vos podrás iniciar
el proceso de cálculo de los ciclos del sonido -sus resultados
distantes/ ulos-----rulos/ [círculos de la energía en un tiempo
sostenido] rizos de velocidad varia que dividen -los campos
del vacío
a j.a.p.
"bienes de la tierra"12
los dedos pulgar e índice --levemente combados en labor de
pinzas/ presionan el contorno irregular --de esa piedrita que
has recogido a la orilla del río/ la colocan bajo la luz de una
lámpara eléctrica/ que alumbra de su figura -la suavidad de
los bordes/ el tallado paciente de las aguas
"del estado más sereno"13
a un costado de la autopista -miramos la extendida
llanura arada/ el tramado orden mecánico ---de esos
surcos químicamente limpios de la apretada asfixia
de yuyales y maleza/ en cuya cima las hojas -de los
primeros brotes/ traspasan con firmeza la capa -del
blanco rocío escarchado
"de manera que se sólo ver" 14
el siseo lejano de las aguas que desciende de las altas
cumbres/ despierta a las codornices -que con agilidad
y repentina gracia -sacuden su plumaje/ aletean -en el
nido/ --esas aves que no han visto nunca/ del deshielo
la desatada furia de los torrentes/ observan --de la luz
el brillo distinto/ reconocen en ella -señales -secretos
designios
"Brillante eternidad"15
el impulso -que recorre oscuros canales licuificados/ ardientes
esponjas magmáticas --recibe en la latencia de cada uno de sus
corpúsculos --fluctuantes destellos eléctricos/ voluntad -que el
ojo no podrá percibir, mucho menos cuantificar en el espejado
campo de la memoria -ese impulso, su refracción digo: ondula
giros centrífugos (derrama la virtud de su latido)
"noche de sus bienes"16
envueltas ---en el tibio aire del verano/ las
lámparas eléctricas/ -recrean --en el centro
de la noche -el círculo --de su luz/ flotando
en la oscuridad, -atraídos a ellas -se elevan
alzados en la brisa -los insectos
"Ciego discurso humano"17
pudiera -quién/ de esa serpiente que se desliza
sobre la tierra seca/ reluciente en un espejismo
de sol/ evocar trazos -movimientos en el polvo
el contenido ritmo -de su vaivén/ los rasguidos
de una piel -desatándose en el aire
Data
1-"Strahlenwind deiner Spragge"; "La ráfaga de viento de tu lenguaje"
Paul Celan, Sprachgitter, 1959.
2-"Not things but minds"; "No cosas sino mentes"
John Cage, Themes & Variations, 1982.
3- "confondant la nuit et le jour"; "confundiendo la noche y el día"
Jules Supervielle, Prophétie, 1925.
4-"Piedra como tú"
León Felipe
5-"Aquí en el silencio/oigo"
Eugenio Guasta, Papeles sobre ciudades, 1995.
6-"The pebble/is a perfect creature", "Este canto rodado es una perfecta
criatura"
Zbignew Herbert, Selected Poems, 1968. Traducción al inglés de
Czeslaw Miloz y Peter Dale Scott.
7-"al sonido de su nombre"
Rodolfo Alonso
"El paseo", revista Ficción (43/44), 1963.
8-"In the main of light", "En lo principal de la luz"
Seamus Heaney, "The goverment of the tongue",1988.
9-"Like a thunderbolt he falls"; "Él cae como un rayo"
Lord Tennyson, "The Eagle".
10-"all is emptiness"; " todo es vacío"
Thomas Kinsella, New Poems, 1973.
11-"Altre tu en clausura"; "Otro tú cautivio"
J.V. Foix, "Sol, i, de dol, 1939.
12-"Bienes de la tierra"
Francisco de Quevedo y V., "El escarmiento"
13-"del estado más sereno"
Luis de Góngora, Soneto XII.
14-"de manera que de sólo ver"
Santa Teresa de Jesús, Las Moradas, VI, cap.7.
15-"Brillante eternidad"
Juan Calzadilla, Tácticas de vigía, 1982.
16-"noche de sus bienes"
Edmond Jabés, La memoria y la mano, Versión de Rubén Mejía.
Chihuahua, México, 1992.
17-"Ciego discurso humano"
Luis de Góngora, Soneto CLVIII.
Noticia
de los autores
Esteban Moore, poeta y traductor, (Buenos Aires, 1952) Publicó La noche
en llamas, (1982); Providencia terrenal, (1983); con bogey en casablanca, (1987);
Poemas 1982-1987 (1988); Tiempos que van, (1994), Instantáneas de fin de siglo
(Montevideo, 1999) y Partes Mínimas y otros poemas (Mar del Plata,1999).
Ha dado a conocer traducciones de Seamus Heaney, e.e. cummings, Wallace Stevens,
W.H. Auden, Raymond Carver, Charles Bukowsky, Craig Czury, Heather Thomas, Ide
Hintze, Allen Ginsberg y Jack Collom.
En 1996 dio a conocer Viajes por America Deserta, selección de poemas de Lawrence
Ferlinghetti, en traducción al castellano, edición auspiciada por la UNESCO.
Colabora en medios del país y del exterior y ha sido incluido en diversas antologías.
Fue invitado a la Schule für Dichtung de Viena y a la Jack Kerouac School for
disembodied Poetics, Naropa Institute, Boulder, Co. EEUU.
Ha Participado de los Festivales de su país, Montevideo, Uruguay, Medellín Colombia.
En 1998, participó del homenaje tributado a Allen Ginsberg en el Central Park
de la ciudad New York.
Jorge Andrés Paita, (Buenos Aires, 1931), poeta y ensayista. Ha publicado:
Cuatro Puertos (Editorial Cuarto Poder, Buenos Aires, 1976); Señales del segundo
milenio ( Editorial Monte Avila, Caracas, 1983) y Eros en amazonia (Grupo Editorial
Latinoamericano, Buenos Aires, 1998).
Colaboró durante más de dos décadas en la revista Sur, fue el responsable de
la selección y publicación de los textos de literatura aparecidos en el Suplemento
dominical del diario La Prensa de Buenos Aires, donde se desempeñó como subdirector.
Fue jurado de los premios municipales, nacionales y del Fondo Nacional de las
Artes. Fue distinguido con diversos premios, entre ellos, PEN Club, 1983; Premio
de Poesía La Nación, 1996; Premio Fondo Nacional de las Artes, 1997. Sus ensayos
y artículos, que han iluminado el panorama poético argentino, no han sido reunidos
en volumen.