Griselda García

 

 

LLORA GUADIS

 

Caen lágrimas de los ojos de mi hermana

A veces resulto tan salvaje,
es que no estoy domesticada...

El tío no habla
sumido en los dulces algodones del valium.

La tía se asusta
cuenta anécdotas de nuestro padre muerto.

Yo sirvo gaseosas de colores
hago chistes para disimular
lo imposible que me pongo a veces

Guadis,
tranquila como un conejo,
con el espíritu de un tigre paseando
por su pecho,
ya no llora.

De la cena, sobre la mesa quedaron
diminutas estrellas sobre el mantel
y la fuerza de un mar en tempestad
retornando a un cuerpo ahora en calma.

Yo me he endurecido:
conservar la alegría tal vez sea mi mayor logro.

 

 

 

De: El arte de caer, Buenos Aires, Alicia Gallegos editora, 2001.

 

 

 

 

A L U C I N A C I O N E S    E N    L A     A L F A L F A

 

 


Esternones quebrados por el inusitado fulgor 
que emanan las pieles
Viaje por el desierto en autobús
Construcciones fantasmas 
Viejas mandarinas
Nos detenemos un momento.
Sube el soldado y se sienta a mi lado
Estuve adentro todo el tiempo 
Vengo del lugar de mas luz y suciedad bajo las uñas, dice
Antes solía sostener sólo sólidas miradas
Ahora solamente veo sin ver
Mis tajos piden sal a gritos.
/

Algo me taladra la cabeza/ la mandíbula pesa
no siento los dientes/ apretados
Saliva amarga bajando por la garganta.
Hay un martillo de marfil/ golpeándome el parietal izquierdo
los caños anaranjados
Del colectivo se enroscan en los cuerpos.
Ahora estoy como quería estar: de algodón y rellena de aserrín
con la piel de antiguos
Enemigos bajo las uñas. 
Tolero cualquier cosa de mis amigos imaginarios.
Últimamente son sólo los insectos en nariz y oídos 
los que me mantienen con vida. 
A veces no puedo arreglármelas sin mi zumbido
un murmullo de cintas sin fin/ o un sinfín de cintas 
que necesito para dormir en calma/ y saber que al despertar sólo será
El sol rebotándome en los párpados/ y la absoluta certeza de no necesitar nada. 
/

Esperaré que bajen los mocos por la garganta para empezar a hablar. 
Las fiestas han pasado, sólo nos dejaron
Guirnaldas descoloridas por la lluvia y píldoras rosadas.
Vamos a bares del oeste con mi compañero cósmico 
Y pactamos que una vez hastiados, 
Haremos collares con nuestros dientes y cubrecamas con nuestras pieles. 
Veo el neón, veo el brillo
Esta noche llevo lentejuelas en la sangre,
Pero no puedo ver la estrella que me guía.
Está oscuro pero el cielo está tan turquesa que ambos cerramos los ojos.

/

Y cuando después de mucho tiempo alguien encendió la luz, 
Yo dije:
Estábamos mucho mejor a oscuras.





Polinízame susurrante ave de la noche, somos hijos de largos viajes
Por océanos profundos, 
Con peces de diamante.
Duerme, duerme desnudo en hotel de pasajeros
Con botellas rotas en los pasillos,
Y besos en el cuello de comadronas contentas. 
Bebemos vino de amapolas, 
El polen riega miríadas de sonrisas sangrantes
Debo cerrar los ojos. 
La euforia inicial ha dado paso a esta suave dispersión de la memoria,
A este mar de calma superficie 
Y animales peligrosos debajo. 
Sello los huecos de mi bote con cera tibia
Arañamos la fruta pero nunca la mordemos
Un movimiento en falso te hace retroceder terreno enseguida
Y avanzo sin dudarlo.
Por fin volvemos a movernos, pero después de un rato
Descubro que todos mis aparatos de medir están rotos.
La intuición guiará almas en vastas extensiones de agua salada. 
/

También sé que no hay masturbación posible cuando es furia lo que se tiene.
Sueños con escarabajos. 
Sentada sola 
Algo lejano y anónimo me sentencia a permanecer callada y ausente. 
¿Perduraremos?  
Nos acordamos de cuando éramos felices. 
Recuerdos amarillentos como cientos de larvas que no serán mariposas. 
El sabor de almendras amargas anticipa el de nuestros cuerpos.
Acércate, acérquense todos:
debo aprovisionarme para el próximo invierno.
/
Tus besos me dan asco, ahogándome en la espuma del jacuzzi.
Y hay relámpagos y más relámpagos filtrándose por las persianas del hotel
Y yo sólo quiero que todo termine.
/
De afuera quisiera la libertad de no tener que estar adentro, 
Y salir así a lucir 
El cansancio de todo un día mezclándose 
Con el brillo en los ojos que dejó el orgasmo.
/
Masticando las entrañas del pez espada,
Meteré espuelas a mi zaino
Para salir a buscarte.
La luna guiará almas en pena.
Me volveré azul en cuanto el viento
Toque mi piel desnuda.
El caballo se tropieza con piedras que no existen.
Una vez juntos, viviremos de la caridad
Y eso nos hará dichosos. 



El fetiche oficia de observador mudo 
De lentas derramaciones de sangre.
Estruendo de orgasmos lloviéndome en el cuerpo. 
Jardín de altura, ausencia del cáliz prometido, 
Pupilas de internado suizo ahogan 
Nocturnos gemidos 
Bajo el peso de sábanas rústicas. 

/

Los heliotropos me miran,
Hay poco lugar adonde escaparse
Las pieles se desbordan 
Se desdoblan 
Y disgregan
Cuando peine canas 
me acordaré del canto
Pero ahora
Llevame a ver el eclipse
Haceme dormir. 

/

Un hombre duerme
Privilegio de mis ojos
Envuelta en los brazos 
Del amado ausente
La lluvia tal vez golpee menos
En la noche de colmillos de lobo.

/

Estoy paralizada por tanto salvajismo, 
Hermosas sorpresas que tiene el destino
Aguardándome en cualquier recodo. 
El se acerca con sábanas limpias,
Aquél que atacaba ha retrocedido un paso 
Cuando la tristeza invade todo con su manto de cenizas
No se puede más que esperarla agazapado;
Intentar dormir un sueño libre,
Como si durmiera por primera vez;
perder el extraño rictus de mi boca,
La mirada cargada de años luz;
Desearía desaparecer
O al menos tornarme invisible
Y ser leve como el humo
Y lograr tal vez así
Descansar un poco en el aire.





¿Somos iguales o muy distintos?
Por favor, caeme encima con todo el peso de tus veinte años, 
A partir de hoy estarás en mis pesadillas. 
Cada uno de los nervios se galvanizan,
El metal en las venas transmite toda la información 
que se puede necesitar.
El espejo hoy miente mi reflejo 
Y yo le creo.
/
Gorgojos en el mosto
Tomó mi mano
Y esperamos juntos 
La maceración.

/

Tu mundo (ex-nuestro)

Otra mujer. Menos palabras. Un perro. Más recetas. Hilo y aguja. 
Champagne. El diario todos los días. La TV por las noches. 
Más ventanas abiertas. El sexo siempre en la cama y nunca en la cocina. 
Otro trabajo. Menos comidas grasosas. Nuevas plantas. Más personajes. 
Un primer hombre. Frutas. Una muerte sentida. Levantarte temprano. 
Otra mujer. Rotura de copas. Salir al sol. Sueños nuevos. Más drogas. 
Sandwiches de pollo. Manchas en las sábanas. Frascos vacíos. 
Menos conciencia. Sangre en las paredes. Un sofá cama. Otra mujer. 
No más fotos blanco y negro. Un hijo. Más dolores de cabeza. 
Pieles de almíbar. Fiestas aburridas. Hamburguesas de plástico. 
Música hipnótica. Caricias de metal. Camisas viejas. Besos húmedos. 
Otros cielos. Otra cabeza. 

/
Si te regalan flores 
sentís como en un mensaje subliminal 
que lo que desean es verte muerta y hermosa.
En cambio cuando el amanecer los encuentra 
comiendo de vuestros cuerpos
y la luz se filtra por las rendijas de la pared
lo tomás como visiones del futuro
y sabés al fin que lo que soñabas ya no es sueño,
sino una realidad suave y almibarada 
que se deja caer sobre pieles viejas pero insaciables.

/
Manos que no son las mías 
Intentan abrirme 
Y duele
Aunque nunca estuve cerrada.

Jugamos a clavarnos cuchillitos de untar manteca
No me siento herida
Me siento como una tostada en el desayuno de domingo:
Dorada crocante y dulce.

Retorcijones de panza o qué te crees vos mo-co-si-to, que esto es joda, eh? 
Duerme. Duerme. Y yo miro todas sus fotos. Luego de unos cuantos problemas
De aterrizaje vuelven al suelo sin más daños que unos cuantos rasguños aquí y allá.
Arañas en las manos y las miro pero no están. Y lo sé antes de mirar. 
Duerme, duerme, la planta ya nos ha dado lo mejor de sí y ahora transpira adentro
De su jaula de cristal. Distintas formas de morir en la playa. El vuelo de una mosca, 
él sosteniendo una boa, solo en su casa sin muebles. No se ríe para la foto. 
Es bueno, pero su cara muta y da miedo. Pasa las noches comiendo para saciar 
hambre de siglos. 

/

Ahí es cuando ves aparecer
Lo verde lo rojo lo azul
Bailando ante la pupila izquierda
Mientras te abrís para disfrutar
Lo que proponen esta noche
Los duendes de la sinrazón.
Te toca en suerte la reina drag 
Más musculosa de todas.
Deyecciones,
Cafarnaún,
Niñas embarranzadas,
Latas de conserva que conservo en la memoria.
Adentro, la fruta se abre paso con suavidad
Y el roce contra las paredes de carne
Funde todo en agua y sal.
El agua buscará la caída natural
Y te quedarás dormida.

/

¿A quién pipa la fuma?
¿Dónde puedo conseguir un mapa? 
¿Vamos a nadar? 
¿Por dios, en dónde estoy?
¿Nos desatamos?
¿Me pongo la ropa? 
¿Jugás?
¿A Flores?
¿Somos el futuro? 
No. No.
/

Caminar mucho, cansarse y volver.
Si doy un salto, despego. 
Teje y desteje el pelaje del rododendro.
Un poco de comida yéndose por el conducto equivocado
Y veo cómo te asfixiás lentamente.
Me decido a ayudar:
Corro a tu lado y sujeto tu cuello con fuerza.
Giran y giran tus ojos.
no entiendo pero igual me subo
transpiro mucho pero cuando empieza a moverse
el viento me refresca lo mojado,
incluso el espacio entre las tetas.
el celso ayala convierte un gol de mediocampo
mientras se precipita el orgasmar
temo por mi corazón
ahora que estoy rebotando tanto
nunca dejaré de hacerle caso a mi padre
ahora que está muerto
asisto al tornarse resbaladizo de los cuerpos,
tus humores condimentando mis pasteles.
No importa si no respiramos por un rato,
así tal vez recobremos 
La antigua levedad que nos caracterizaba.
Somos serios gusanos ciegos retozando en la brea.

/
Antes de que duerma
Los extraterrestres vendrán 
Y sabrán decodificar actuales angustias.
El se va:
¡Viaja!
¡Desaparece!
¡Ya no está!
Y yo siempre me quedo,
Moviéndome en un lento transcurrir
Desde la nada helada 
Hacia un todo ficticio.

/
van gogh nos mira asustado desde el centeno a medias crecido 
y qué hacer con esa mirada sino huir correr sin mirar atrás 
hacia la segura salvación que ofrecen esos paraísos 
esperándonos con brazos abiertos de gigantesca prostituta madre.

/

Zona estereoscópica.
Alto, más alto, las lechiguanas no llegan tan arriba. 
La puerta se golpea. 
Es todo tan malditamente real, ella llorando en mi pecho,
Besándonos a medianoche,
Tristes porque no nos supimos complacer.
La puerta se golpea.
Me gustaría que me peinara, pero no se lo digo,
seguimos revolcándonos en el patio de la escuela.
Vuelvo a pedirle disculpas por encontrarla desnuda,
me dice que no importa, que ver a una novia trae suerte.
Ni siquiera intento entenderle, estoy en el lugar impalpable.
El sentido íntimo de las cosas tarda milésimas de segundos en 
serme revelado.
La puerta se golpea. 
Babosas en el pelo
El piso rojo no me refleja, me escalofría.
El día fue un gusano maldito 
que no dejó de meterse entre mis vértebras. 
Va a contarme cosas sobre el ejército, 
dice que debo prepararme. 
Sólo estoy más lenta, 
es que he envejecido un poco.
Y llueve. Y hay viento,
Un viento que aúlla aquí dentro,
En donde ahora tengo vacío. 
/

Me perdí en bazares llenos de jarrones chinos.
Después de un rato, la Dinastía Ming entera
se liquidificaba ante mí. 
Me dejaste nadar en mares de inconsciencia
mientras cocinabas para los dos. 
Presenciamos el mutuo desovar 
con inocencia sacrílega
dentro de enormes burbujas acuosas;
macro mundos en los que la vida 
bulle con ritmo enloquecedor.
A partir de entonces 
tememos llegar con las manos vacías
y entrenamos para recordar mutuas mentiras. 

/
Para qué,
si durante todo el viaje me acuna un sol de ensueño.
¡Soy tan generosa! ¡Esta tarde todo lo doy!
Estoy confundida, por favor, no más música sacra 
Para mis oídos enfermos. 
Dejándome llevar no sé adónde voy.
Todo está velado y permanece vedado 
A estos ojos ignorantes y obtusos. 

/
Enrejado negro, paredes de la fábrica. 
Caen como regueros por las ventanas,
Resbalando rápidamente hacia
Oscuros destinos de cloaca. 
Estirar las piernas, amasar lo amargo.
La atracción de la escena me toma prisionera,
después de todo es un milagro poseer lucidez. 
Esa soy yo tropezándome con un cuchillo, 
cómo me hubiera gustado que me vieras. 
Pero por qué tuviste que irte
y por qué tengo que extrañarte tanto,
tanto.  
Las lágrimas quieren salir 
pero el acceso al mecanismo del llanto
me ha sido denegado.			        







A L U C I N A C I O N E S   E N   L A   A L F A L F A 







Soy un hombre para quien el mundo exterior es una realidad interior.

Fernando Pessoa

 

 


Griselda García nació en Buenos Aires en 1979. Publicó en narrativa Hermanas Ninfas (1998), Sandra (1999), Todo es extraño a mis ojos (1999), y en poesía, el texto que puede leerse en la Antología ZR 2001, Alucinaciones en la Alfalfa (2000), y El arte de caer (2001). Coordina, junto a Rolando Revagliatti, el ciclo de poesía Julio Huasi, que se realiza todos los miércoles en el bar La Maga de Flores (Av. San Pedrito 107).

Su e-mail es: celdagris@hotmail.com

 

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