Joaquín Giannuzzi

 

 

 

Momento de Proust

 

Sueles mojar la lengua en la gelatina de Proust
y rescatas algunas líneas soñadas
para tu cuarto maloliente. Así que instalas
un soleado aposento cuyos cristales
se abren a un jardín otoñanl. Hay flores
en casas doradas. Una niña que ondula
en pálida muselina flotante
se sienta al piano y lo más suave de Chopin
organiza un universo azul equilibrado.
Si ese mundo existió, como la dulce
superficie de un lago sobre alimañas
en gestación, has llegado tarde.
La fractura de aquel espejo te condujo
a este cuarto frío, con escarcha sangrienta
en el vidrio de la ventana,
esta cólera prendida como una sombra seca
en el fondo de la garganta
y que no puedes escupir ni devorar.

 

 

 

 

Ballet

 

La más dichosa libertad de orden
en un espacio rígido y oscuro
donde todo es posible. Allí la luz
concentra el blanco y el rosa
que la pirueta
hace virar hacia inestable azul.
Cuando la gracia brinca
el planeta suspende los poderes
de su fuerza mortal y la materia
se incorpora a la música.
Volúmenes aéreos que conquistan
el triunfo de lo ingrávido.
La danza no concluye
en el tiempo común y el entreacto
es un hueco en la mente. Pero entonces
las que bailan se dispersan, saltan
y caen en el ojo de Degas.

 

 

 

 

Cabeza Final

 

Todas las ideologías le dieron de palos.
La humillaron la historia del mundo
y la vergüenza de su país,
la calvicie, los dientes perdidos,
una oscuridad excavada bajo los ojos,
el fracaso personal de su lenguaje.
El obrero que respiró en su interior
ávido de oxígeno y universo continuo
dejó caer el martillo. Fue la razón
quien cegó sus propias ventanas. Pero tampoco
encontró en el delirio conclusión alguna.
Pero eso, quizás no fue tan descortés
esa manera de negar el mundo al despedirse.
Sucedió así:
Reposando sobre la última almohada
volvió hacia la pared
lo poco que quedaba de su rostro.

 

 

 

 

 


Joaquín Giannuzzi nació en Buenos Aires en 1924. Ha publicado siete libros de poemas: Nuestros días mortales (1958), Contemporáneo del mundo (1962), Las condiciones de la época (1967), Señales de una causa personal (1977), Principios de Incertidumbre (1980), Violín Obligado (1984) y Cabeza final (1991).
Ha obtenido varios premios, entre ellos el Premio Vicente Barbieri (SADE), varias veces el Premio Fondo Nacional de las Artes, el Premio Nacional de Poesía (en primero y segundo lugar) y también el Premio Esteban Echeverría.

En 1997 el Fondo Nacional de las Artes publicó una Antología Poética de su trabajo como obra fundamental para el conocimiento de la cultura argentina de este siglo.

 

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