Liliana Ponce
1 Un sueño difícil de seguir -la noche turbulenta tiene eléctrico resplandor, punzantes rayos caen sobre el vidrio del ventanal. Entraba en mi cuerpo y de mi cuerpo iba a otro -serpiente de lengua bífida. Después de abrirme en los ojos abiertos, en la sed flotante, entraba en mi cuerpo como la materia irreal y otra vez torpe, perezosa, tener más sed de olvido y quietud. Mi día vaga por la noche como la casa-palacio de un rey extinto. Quiero salir, partir de la trampa. 2 Dicen que su mirada es contagiosa -simulacro de idea-, que cambia la herida por la sangre y en harapos la ropa, al modo de lo que lejos es efecto, golpe. Rompe las ramas. De hojas de nogal, la forma ondulada cambia, las de punta de flecha por la de árboles de azahar -la humedad de la flor como aceite fluye para extenderse al tacto. Instrumento del dolor, sobrevive, y entierra por segunda vez los huesos de sus sombras. Dicen que sus manos moldean en semejanza lo distante conducidas por el recuerdo, que es persona y quizá separada del hilo-yo, invita al hado a rebelarse. De Piedra zoom, 1999 (inédito)
A JORGE GARCÍA SABAL, In Memoriam 1 Uña de gato sobre suaves pétalos, hojas de oscuro verde blando. El olor al cuarto en la oscuridad no es igual al de la mañana. Cuarto irreal, pared de ángulos y sin curvas, la armazón abierta como esqueleto. La casa ahora se contrae. 2 La uña de gato crecía bajo el ventanal, cuidada por su mano atenta. Le pareció una flor de rizomas o arácnida sombra prolongándose más allá de la mesa desnuda. El tibio jardín abandonado no duerme -quiere decir lo que sabe acechando la respiración. 3 Pasan en silencio aletargadas las voces muertas de los muertos. Desde el vidrio resbala el agua de la lluvia. -La toco fingiendo ser un cuerpo-- me dice, y se alínea en las sombras, se aleja. En la retícula pulcra de la hoja escribe y su mano se hace tibia, como una corriente de sangre animal. STELLA Al regresar de la búsqueda saber que era un viaje como dentro del agua abrir los ojos (o alguien que yaciera cegado por el miedo se dejara cubrir con arena). Pájaros que vuelan hacia el oeste, pájaros que no conoce, que no sabe reconocer, en homenaje. Lava sus manos en el cuenco -preparaciónn inefable, casi burlesca, para abrazar el oscuro pedregal de la estatua. Había vuelto de París y nada podía decir de la memoria. Encontró más de sí y no ser la misma: le pareció dar vuelta una moneda. Y encontró a la que era, niña, en las frases citadas por su padre. En el Pont Neuf el joven de la capa negra la saludó como si la conociera. El agua reverberaba la cariátide en el gris tembloroso de metal. Extrañada de la curva que sostenía su sueño miró alrededor para proteger el reflejo cautivo -un ciclo en la vida humana se separó como la cascarilla del girasol al viento, a la pared lanzada. Descansa de la quebradiza luz esa neblina, la verdadera étoile, Va y la niega otro lenguaje, sorbe cada aliento como la oscuridad. Está entre los muertos sin pena, entrando en el aserrín alisado, el polvo de sus palabras en redes de aire.
(Los textos 1 y 2 son totalmente inéditos; "A Jorge García Sabal" y "Stella" aparecieron en la revista Tsé-Tsé 5)