Luis Chaves
Historias Polaroid
La bajita del rincón oscuro
Mamá quería que yo fuera mujer
y que no lloviera nueve meses al año
y que papá la sacara a bailar de vez en cuando.
Pero era más probable amanecer un día con tetas
o un cambio anómalo del clima,
antes que don Luis la convidara un bolero.
Hace varios años que mi madre dejó de soñar,
hoy aguarda la vejez como un último trámite.
Esa mujer que muchas mañanas
lavó y secó los pies que más tarde
una sola vez bailaron con ella,
se sienta todos los días en las gradas de su casa
a mirar el baile victorioso de la lluvia.
Y para atender mis llamadas,
cada vez menos frecuentes,
ya ni siquiera puede levantarse
por el peso de tanta música muerta en sus piernas.
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Estuve en colegios privados
Lupe cocina de lunes a viernes,
el fin de semana la dueña de casa
prepara sus exóticas recetas,
las de verdad.
Lupe plancha, dobla la ropa,
encera los pisos donde se reflejan
sus duras piernas nicaragüenses.
La familia se levanta de la mesa
para que la nica cene sola
la comida que ella misma adobó.
De noche Lupe no cierra la puerta
para que el señorito de casa entre,
de lunes a viernes,
a manosearle torpemente las nalgas.
El fin de semana,
con su novio de Bluefields,
es el turno de las sesiones profundas,
las de verdad.
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Flash forward
En un extremo de la casa
el niño aprende que la cera Genie
no sabe a lo que huele.
Al fondo del patio su hermano mayor
llena una botella con agua y flores
y la entierra, para que con los años
se transforme en perfume.
Vendrá después el invierno
más largo de la historia,
una vista aérea y nocturna de la ciudad.
También navidades, sepelios
y cicatrices que con lentitud de molusco
se pasearán por la piel.
El niño uno crecerá
para hablar un idioma
diferente al del niño dos.
Este último para descubrir
que las cosas no mejoran con el tiempo.
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Niccolo
La calle bordeada por alambres y postes,
una guirnalda de luz que rodea la ciudad.
Invierno en el trópico, estación fértil
para talleres de feng shui o el karaoke.
Siluetas detenidas detrás de las ventanas
esperan que escampe
mientras por el frente ven su vida pasar
como en voz en off.
Libros nunca leídos en las repisas,
televisores encendidos mientras se duerme,
gente envejeciendo en las fotos del último cajón,
la pantalla azul que ilumina una cabeza
en la oscuridad del estudio.
Hasta dónde llega el oficio, el pasatiempo,
hasta dónde el ocio.
La estática certeza de que los medios
se han convertido en fines.
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Lo que dura la felicidad
El abuelo de mamá,
totalmente senil,
dentadura de porcelana y pañales,
sentado en medio de una progenie
que ya no reconoce.
A la cuenta de tres todos dicen whisky.
Su sonrisa dura lo mismo
que ese instante mínimo
entre el flash y el obturador.
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Foto en el periódico
Una ciudad en escombros,
tres o cuatro viejos convencidos
por fin de partir.
Y atrás un perro
que, una vez pasado el peligro,
olfateando entre el metal retorcido
y las paredes convertidas en aire,
regresa a buscar
su pote de alimento,
su alfombra al pie de cama,
su mano en la cabeza.
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El objeto del deseo
Debajo de ese lunar tan sexy
crece en silencio
un tumor maligno.
Realiza junto a Ana Wajszczuk, la revista de poesía latinoamericana LOS AMIGOS DE LO AJENO. (http://www.amigosdeloajeno.org/)