Luis Chaves

 

Historias Polaroid

 

 

La bajita del rincón oscuro

 

Mamá quería que yo fuera mujer

y que no lloviera nueve meses al año

y que papá la sacara a bailar de vez en cuando.

Pero era más probable amanecer un día con tetas

o un cambio anómalo del clima,

antes que don Luis la convidara un bolero.

 

Hace varios años que mi madre dejó de soñar,

hoy aguarda la vejez como un último trámite.

Esa mujer que muchas mañanas

lavó y secó los pies que más tarde

una sola vez bailaron con ella,

se sienta todos los días en las gradas de su casa

a mirar el baile victorioso de la lluvia.

Y para atender mis llamadas,

cada vez menos frecuentes,

ya ni siquiera puede levantarse

por el peso de tanta música muerta en sus piernas.

 

  **

 

Estuve en colegios privados

 

Lupe cocina de lunes a viernes,

el fin de semana la dueña de casa

prepara sus exóticas recetas,

las de verdad.

 

Lupe plancha, dobla la ropa,

encera los pisos donde se reflejan

sus duras piernas nicaragüenses.

La familia se levanta de la mesa

para que la nica cene sola

la comida que ella misma adobó.

 

De noche Lupe no cierra la puerta

para que el señorito de casa entre,

de lunes a viernes,

a manosearle torpemente las nalgas.

El fin de semana,

con su novio de Bluefields,

es el turno de las sesiones profundas,

las de verdad.

 

    **

 

Flash forward  

 

En un extremo de la casa

el niño aprende que la cera Genie

no sabe a lo que huele.  

 

Al fondo del patio su hermano mayor

llena una botella con agua y flores

y la entierra, para que con los años

se transforme en perfume.

 

Vendrá después el invierno

más largo de la historia,

una vista aérea y nocturna de la ciudad.

También navidades, sepelios

y cicatrices que con lentitud de molusco

se pasearán por la piel.

 

El niño uno crecerá

para hablar un idioma

diferente al del niño dos.

Este último para descubrir

que las cosas no mejoran con el tiempo.

 

    **  

 

Niccolo  

 

La calle bordeada por alambres y postes,

una guirnalda de luz que rodea la ciudad.

Invierno en el trópico, estación fértil

para talleres de feng shui o el karaoke.

 

Siluetas detenidas detrás de las ventanas

esperan que escampe

mientras por el frente ven su vida pasar

como en voz en off.

 

Libros nunca leídos en las repisas,

televisores encendidos mientras se duerme,

gente envejeciendo en las fotos del último cajón,

la pantalla azul que ilumina una cabeza

en la oscuridad del estudio.

 

Hasta dónde llega el oficio, el pasatiempo,

hasta dónde el ocio.

 

La estática certeza de que los medios

se han convertido en fines.

 

    **    

 

Lo que dura la felicidad  

 

El abuelo de mamá,

totalmente senil,

dentadura de porcelana y pañales,

sentado en medio de una progenie

que ya no reconoce.

A la cuenta de tres todos dicen whisky.

 

Su sonrisa dura lo mismo

que ese instante mínimo

entre el flash y el obturador.

 

    **    

 

Foto en el periódico  

 

Una ciudad en escombros,

tres o cuatro viejos convencidos

por fin de partir.

 

Y atrás un perro

que, una vez pasado el peligro,

olfateando entre el metal retorcido

y las paredes convertidas en aire,

regresa a buscar

su pote de alimento,

su alfombra al pie de cama,

su mano en la cabeza.

 

    **  

 

El objeto del deseo  

 

Debajo de ese lunar tan sexy

crece en silencio

un tumor maligno.    

 

 


Luis Chaves (Costa Rica, 1969) publicó dos libros de poesía: "El anónimo" (Ed. Guayacán, Costa Rica, 1996) y "Los animales que imaginamos" (CONACULTA, México, 1998). Los poemas aquí presentes pertenecen al libro aún inédito "Historias Polaroid"

Realiza junto a Ana Wajszczuk, la revista de poesía latinoamericana LOS AMIGOS DE LO AJENO. (http://www.amigosdeloajeno.org/)

 

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