Roberto D. Cignoni
A lo largo del hilo de frecuencias, pura con la devastación, tu oreja de aserrar. Aquí, asida a nunca. No- aquí, torreada en siempre. Pero, al ala de locura, por ti de nuevo evaginada, de nuevo incuestionable. Quizá nos escuchemos algún día, en la inmismidad que la verdad deja. Escucha- el batir inmemorial remergido con la piedra instruye de lleno la regla de oro del desgeminado saber: no se olvide. Escucha- en lo más hondo de la palabra un achicador atrio de reinos lo convive, hacia la victoria más real. Escucha- yo me sumerjo en ella y en ti hacia dentro ejerce otro de los mundos arbustado de verdades. Escucha- algo no venía incluido abierto de voces, abierto de años desde nada, hacia lo incosolable. Lo que avanzó, llegado, no uno, no nadie, hacia, cómo, lo inoíble, el proema, de un quizá, material, de un quizá, acreído resto. Simiente, desimiente, en el más lejano oído de una época, mi consigno, alzado por las yemas libres de un corazón. Contra los otros, que, todavía, que a un nombre, el en-nombre, llamaron también mañana, con el no nacido síncope de alientos. A un vencer, sabes, a un vencer, nosotros vamos por la brisa de sentencias hacia el desinhalante respirar. Que tales niños sobrevuelen según el juego que nos sangra, que tales suertes sobre las sombras que apilamos. Por la cicatriz del festejo ensambla la ansiedad su rebrote más profundo, como si de enero y despedida yaciese la palabra que cantaba para todos. Que tales niños ronden gasas alcen copos que tales embodeguen nuestro año ebrio para permanecer irrealizables. Aún esta montaña escarpada por un ojo soñoliento arriba un eco para nadie. Subámosla cantémosle, reunámosla de nuevo con sus peces. Que tales mares agradezcan en el nadar de lo extraviado. Recitas lo que me ayuda a desoír. Encanecidamente yerra el sable al que no prestamos guerra alguna, así lo exige la flauta soplada a través en la mudez de lo imaginado, así lo mana la noche que uno anudó a los mástiles de lo justo. Mira más arriba: para ti los nortes de la imagen, para mí el cambio de marcha para los dos el aliento vacante. ¡Tanto sabes, tanto sabes en el mismo lugar a medianoche de todos los lechos, tanto enseñas sin la lámpara! hasta que uno uno ajeno sobre el pedernal de las respuestas llora un fruto a este lado y otro del vivir. Recitas lo que me ayuda a desoir. Encanecidamente yerra el sable al que no prestamos guerra alguna, así lo exige la flauta soplada a través en la mudez de lo imaginado, así lo mana la noche que uno anudó a los mástiles de lo justo. Mirá más arriba: para ti los nortes de la imagen, para mí el cambio de marcha para los dos el aliento vacante. ¡Tanto sabes, tanto sabes en el mismo lugar a medianoche de todos los lechos tanto enseñas sin la lámpara! hasta que uno uno ajeno sobre el pedernal de las respuestas llora un fruto a este lado y otro del vivir. Lo que avanzó, llegado, no uno, no nadie, hacia, cómo, lo inoíble, el proema, de un quizá, material, de un quizá, acreído resto. Simiento, desimiente, en el más lejano oído de una época, mi consigno, alzado por las yemas libres de un corazón. Contra los otros, que, todavía, que a un nombre, el en-nombre, llamaron también mañana, con el no nacido síncope de alientos. A un vencer, sabes, a un vencer, nosotros vamos por la brisa de sentencias hacia el desinhalante respirar. Que tales niños sobrevuelen según el juego que nos sangra, que tales suertes sobre las sobras que apilamos. Por la cicatriz del festejo ensambla la ansiedad su rebrote más profundo, como si de enero y despedida yaciese la palabra que cantaba para todos. Que tales niños roden gasas alcen copos que tales embodeguen nuestro año ebrio para permanecer irrealizables. Aún esta montaña escarpada por un ojo soñoliento arriba un eco para nadie. Subámosla cantémosle, reunámosla de nuevo con sus peces. Que tales mares agradezcan en el nadar de lo extraviado. Escucha- el batir inmemorial remergido con la piedra instruye de lleno la regla de otro del desgerminado saber: no se olvide. Escucha- en lo más hondo de la palabra un achicador atrio de reinos lo convive, hacia la victoria más real. Escucha- yo me sumerjo en ella y en ti hacia dentro ejerce otro de los mundos arbustado de verdades. Escucha - algo no venía incluido abierto de voces, abierto de años desde nada, hacia lo inconsolable.