Rocío Cerón

 

De Basalto
-gozne-
 
(del devenir nacida
       sin presente
atada siempre a la era del gesto
al ras de la música de los letrados
sobre el tapiz de la mejor escoria de las razas
sin más error que la miseria de la sal
       una palabra
sin sujeto y sujeta a la civilización
trazo de un cuerpo que es verbo)
 
 
 
-gozne-
 
(vertical
sujeto al trapecio
        fundador
acurrucado en el arcón proteico
        ingenuo
necio
mutilado al paso de las hordas
       inmaterial
y sin embargo dueño del mundo
                        hombre signo)
 

 

 

De Soma

 
 

Sublingual

 
 
¿Qué hay debajo de la lengua?
 
¿Un triturar de huestes vocálicas,
un cierzo de agudas consonantes,
un despojo de viento áureo,
quizá el mustio huso de la letra?
 
Aquí entre toneles de saliva y tiento
      se guarda el vocablo,
la gramática de tu rojo nombre,
y se incendia –sí, se incendia–
      la simetría del giro:
 
debajo de la lengua hay un presidio.
 
 

 

Sitio de partida

 

Lo más profundo que hay en el hombre es la piel.

Paul Valéry
 
 

 

Debajo de la piel hay un fracaso.

 
El alveolo no atempera el miedo,
el ramaje exacto va, viene,
trayendo la oquedad del aire
 
(esta sangre, despoblada de hábitos, sólo conoce el eco de una letra:
 M que madura en las vértebras, castañea menuda, y mártir es en este navegar
 de muecas que el olvido no procura)
 
Debajo de esta dermis la brasa aclara el engaño de estar vivo
 
            (brasa como filo, filo de cierta era, era que guarda lo insondable)
 
aquí —líquido que guarece la llama,
aire que entona un gemido tácito y palpable—
se esconde el humor de la infancia,
      la lentitud del invierno,
la cosecha muerta de una frase.

 

 

 
De Habitar (inédito)
 
 
(fragmento)
 
 
No es la ajena silla que angustia los contornos edípicos del suelo
es la inflexión subversiva de una bufanda echada al paso
 
es una A establecida a fuego en el pecho
una letra gutural que cobija al miedo
desempolva los pliegos escritos del mundo
y traza sobre la boca una casa
                                                  un hábito de muerte
 
aquí en lo inmediato
entre el salmón y la ballesta
en la nuca calva de un hombre que zurce ciudades
no hay virtud ni asomo
quizá un mero dejo de intención
 
la hendidura, no la grieta, marca el pulso del cimiento
 
es en los contornos del fin donde el aire recoge
la falsedad del tiempo y la cara es testimonio de desvelo
máscara hecha ídolo     rostro conveniente para desandar
esa realidad derrochada de espejismos
 
y cada mano es sepultada a la fuerza y cada signo es el intervalo letal del naufragio
ya no mella la cura     los objetos son abismo
y los hábitos y las marcas son presagio de la culpa
 
y ahí en el piso esa bufanda     puñal cristalizado en aire
marca el tenso lugar     el piso ardiente
donde el teatro del mundo es sólo huida.

 

 



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