Romina E. Freschi
 
 

Travestis
 
 
 
 
 

travesti
 
 

Aprender a matar
con las uñas pintadas

y los dientes

manchados

de rouge carnívoro.
Clavarte, y ver salir
de tu cuerpo

tus tripas hechas

flores,

viejas

sin regalar,

ramillete de arrugas

que me exprime

el cielo

la lluvia

la reminiscencia fugaz

de haberte sido cursi,
feliz.

 

 

 

En el envolvente hojaldre
de tus abrazos de seda,

de tus breteles dorados,
y tus besos de apariencia,
quebradizos.
Del placer de tu danza

y tu caricia pereza,

tu sangre terciopelo

con sus gotas,

rocía azules tus ojos

crocantes

tus pestañas en la arena.

 
 
 
 

 

¿Podré evitar tus ojos de shampoo
si los busco todo el tiempo?
Oh fugaz estrella niña, estrella bebé ...? !!
En los huecos de los laberintos que recorro
te entremetes
y suspiras, suspiras...
¡Oh sí, estrellita! ¡Dame tu crema!
Tu crema me evapora, me triza.

Tu tacto extrañado
reluce... Acaba en mi piel.

 
 
 
 
 
 

Puntillas
de pestañas ribetes, de topacios perlados en sombras de lápices, pintas.

Tu boquita me pincha, endiablada como está,

en sus rojas rodajas de amor finito,

entrecortado.

Nunca más volveré a verte.

Hasta tu tiempo libre,
hasta ir (de nuevo) al baño

a pintarnos los labios.

 
 
 
 

Mulatilla voraz

hilarante de colores de cuentas

y lunares asombrosos, sobre tu piel de tela.
 

                            Arrugada sobre tu frente

me hacés llorar a mí,

 para que pueda consolarte en mi hombro almidonado

crujiente de temblores ajenos,

amantes

de tus besos de agua.

 

 

Oval, clonal. ¡Tus piernas! ¡todos quieren tus piernas! o tus ojos, o tus manos, veloces mías, tuyas, de ellas. La espejura de las poses, tejiendo a medias redes... ¡me aprietan! -¡me aprietan!. Ellas nos miran, espléndidas, hechas trizas, prismas enteros, pro-vistos.

..........................................BrillantesSiempre.

 

 

Solaris.
Como cielos de tormentas, tu amar embravecido, ululante, amansador de mil manos, labios y
vino espumantes, abrigador de mil muescas, curvas, consolador de babas.
Me envuelvo de tu forma, impenente.

Me entinto en tu vacío, rocío de mil muertes, que te traen.

 
 


 
 

El cántaro rodar del susurro en tu viento... ¡oh, cantorcillo!... ¡furor de tu abrazo! el rugido comedor de tus besos, millares, romances inmiscuidos en mi axila...


 
 

 

La fluidez del aire, oh, tu bello corazón, duerme en mi contorno alineándose de empañes rutilantes, tu aliento estelar que llueve aletargando mi desnudez de hormigas olorosas de placer, de comer, mi canción de cuna, oh, tu bello corazón, se duerme aguijoneado de patitas que caminan, ahí, oh, donde no hay nada.  


 



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