Sergio Altesor
La paciencia
La paciencia es un gran animal más paciente que supropio nombre, la paciencia no canta ni hace ruido, la
paciencia es muda pero es grande y ocupa tanto lugar
que incomoda y todo el mundo tropieza con la pa
(de Serpiente)
Refugiados
La muchacha griega tenía una voz azul en el altoparlante una voz como aquella aquellos días en que los refugiados griegos mostraban fotos de los tanques por las calles de Atenas les mostraban las fotos a los refugiados chilenos argentinos brasileños uruguayos turcos sentados en los bancos de madera la muchacha griega de pelo negro largo golpeaba las palabras en el tambor azul del aire lleno de humo en un mundo donde todos eran refugiados pequeñas islas vidrios moleculares en la implosión del mundo la marea del mundo en aquella pequeña ciudad sueca aquella primavera cuando todos miraban esas fotos miraban esa voz de terciopelo amargo algunos creían que el humo de los cigarrillos los bancos de madera eran al fin un sitio sin escombros la tierra firme de un hogar.
(de Serpiente)
Hojas de magnolia Las hojas de magnolia existen sin asombro en un tiempo que está fuera del tiempo. Si alguien dijera aquí naciste respondería una mirada de vacuno donde la muerte se ha peinado más de una vez frente a un espejo de palabras. El árbol verde existe clavado en medio de la tarde y nadie puede percibir que el tiempo tuvo su infancia y su dolor, su aguamarina de alegría, sus torturas, sus viajes por el mundo en donde calles de otras ciudades lo enredaron, y que escuchó palabras sedosamente ardien tes debajo de otras noches, en lugares cuyos nombres exóticos rodaban por la len gua como las golosinas. Las pobres verdes bellas hojas de magnolia existen mientras el tiempo se desmorona de sus templos, mientras los templos se desmoronan de su historia, mientras la historia se desmorona de sus hombres, mientras los hombres se desmoronan de sus ojos perdiendo las imágenes de todas las pasiones, los espejismos de cristal, la dicha que no fue dicharachera, la eternidad. Por eso cada una de esas hojas mira como aquel lago una tarde de llovizna en Huskvarna -animal encerrado en su capacidad de no ser- sojuzgadas a ser en el destiempo de una tarde de Montevideo con la humedad del río ascendiendo por la piel -mórbida eternidad de gusano- donde las palabras silenciosas se pudren como se pudren las ciruelas en el tiempo de la tierra.