Libros

Romina E. Freschi
Estremezcales
tsé~tsé, 2000

Reseña - Receta
por Marcelo Biagi

Las chicas tienen un lugar donde viven esas cosas que asombran...

Imaginemos un mundo de hadas, pequeñas voladoras, frágiles, con sus diminutas alas trasportándolas de un lugar a otro. De chico, nos decían que su vida dependía de nosotros, con solo negar su existencia una de ellas moría. La fragilidad de depender de credulidades ajenas.
Entrelazadas, algunas hadas, pueden (y de hecho lo hacen) romper con esa dominación, rompen con la dependencia de la credulidad ajena y existen por sí mismas. Romina nos muestra el alma de estas hadas, el hada animal, cada latido de una nueva raza. Las realiza, las carnifica. -Sí, sí, las hadas son de carne- nos las presenta concientes de sí, eufóricas en su rebeldía, danzantes y cantarinas, traviesas, demostrando que no son simplemente hadas. Concientes de lo que quieren y de lo que no. Únicas, fuertes y tan bellas, volando en el aire fresco. Una leyenda cuenta que la comida preferida de estas hadas eran unas bolitas de carne y arroz, crocantes por fuera y aireadas por dentro, que trasportaban fácilmente. Una vez que las habían cocido las pasaban por una salsa malvadina de morrones, tomates y ají picante. Aéreas por fuera y picantes por dentro, bebían un vino tinto tan frutal como ácido que se había añejado en lejanas flores. Luego volaban a leer su libro favorito El Cuadernilho Lapislázuli de Stella Maris bebiendo perfume azul de planta de limón.

 


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