Libros


Romina E. Freschi
El-Pe-yO
Editorial Paradiso, 2003

por Cecilia Maugeri




Escribir. El permiso para la reaparición de la princesa. El juego de la artista. Ser actriz de la propia historia es actuar la representación de la infancia, no repetida, recreada, siempre diferente. Hay un eco de niña aventurera con corcel perruno. Hay un tropel de cómplices invisibles en vida y fallecida. Siguen deambulando a veces como plantas, otras como letras de papel. Llegan y se mueren. Mientras tanto, ven en blanco y negro. Tal vez por eso no tengan nuestros problemas de comunicación. Quizá los otros vieran rojo lo que para mí era azul y que además llamaran azul al rojo. Será que para ellos aprender a hablar no es tan traumático como para Romina. La princesa no sabe copiar. En cambio dibuja figuras caninas de memoria en hojas enormemente blancas. Una figura representa a todas las demás, todas se aparecen parecidas. Confundir los nombres, algo similar, un furcio, un poema.

Una oleada de palabras construyen una muralla china como la lengua de Romina. Encastra la infancia para que no se mueva pero el movimiento no puede moverse del lenguaje, de la mirada extraviada de la poetisa. Una sucesión letraporletra. Un registro del caudal de la voz. Una palabra es un encastre de letras. Cuando se hace cuerpo es un tono infinito que se diluye en la lengua de la poetisa. Quiere romperlo, al lenguaje que la ciega. Quiere romper la ceguera. Quiere romper el encastre que subyuga a la niña. Quiere crecer, la artista. Y la princesa se queda en la casa uno, junto al unicornio.

La princesa vive en la casa uno. La mujer la espía por el baúl. Mujer entretejida, cosida, desasida, movida. El lenguaje en movimiento como caída ni aquí ni allá. La poetisa es siempre extranjera postal de escritora. El cuerpo vuelve a la casa y no es turista extraño ese cuerpo. El perro ayuda olfateando el rastro pasado y la artista aúlla en sufrimiento comperrido.

El perro corporiza la princesa pero es invisible al uno en los otros. La princesa es un cuerpo alarido y lamido y afelpudo. Es una madre para la artista huérfana que deambula por la casa. Casa Dos Can y Dos.

 


 


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