Libros


Romina E. Freschi
El-Pe-yO
Editorial Paradiso, 2003

por Julieta Lerman




¿Qué es el pe-yo? ¿peyote que viene del mezcal de Estremezcales? ¿perrro con rrr provinciana? No no no, nada de eso (o sí, pero la reseña-lectura es autoritaria). El Pe-yO es casa, baúl, bóveda, espejo, película, libro que dispara y despierta, algo, un espacio interior, del tiempo, del pasado. Es un espacio. Es una casa. Es tiempo. Es lo que ha quedado de la fuga del tiempo, como un decantar de objetos, un fondo del mar. Es una casa-espacio caja de resonancia donde los objetos, perdidos, pasados, arrasados por el tiempo, infancia, se quedan guardados, durmiendo, y se despiertan en poema. La escritura ordena, dispone su propia lógica en el hilar de recuerdos que se desprenden ya del tiempo y aparecen como objetos “flotantes”, “joyas”, que se fundan en presente que tampoco es “ahora”, sino un presente más radical, más definitivo, como un recoger de objetos-fondo del mar del tiempo para decir “yo”, a través del tiempo.


“El viaje por el espacio es un viaje por el tiempo
Pero en el paso del tiempo está la fuga

La casa nueva objeta el tiempo
Y las cosas de mi casa y mi tiempo se tornan joyas flotantes
Enigmas o amuletos, cifras mallarmeadas en finos materiales”

En su fuga, el tiempo arrastra todo consigo. Ocurre una pérdida. Y en esa “fuga” ocurre también cierto defasaje, inevitable, corrimiento, “impasse”, “el hueco del choque con la raíz del nido”. Es, tal vez, el mismo tipo de defasaje inscripto en el lenguaje, el lenguaje deja siempre pendiente una cuota de incertidumbre: “jamás podría enterarme si estaban viendo o no lo mismo que yo”. Hay una “intemperie”, una soledad, en todo el texto, en todas las casas que recorre el texto, un defasaje que se salva en la escritura. La búsqueda de un lenguaje propio es un nombrar con los propios nombres propios de una lógica única. Pero en El-Pe-yO el lenguaje es además un espacio, una casa (“el lenguaje es la casa del ser”*). “Toda la superficie de la casa se extendía para mí, como otra casa sobre la casa”, es la “casa doble” que se dobla o se desdobla encima de la casa casa. La casa del poema es el lugar donde “los lugares se superponen”, “un espacio que vuelve”. Retorno, superposición, es además el espacio donde las cosas se transforman, coinciden, actúan sobre el presente, siguen sucediendo. Lo que prima es un devenir: el tiempo es líquido, el yo también, el “espejo” siempre es “otro”. No hay, no habrá nunca una foto “fija”, la foto está -es- “movida”.

“Pero, El Espejo, es otro
yo
superficial
busco
líquida
...”

Devenir de los recuerdos-objetos flotantes, de las cosas en otras, que engendran nuevas y migran de objeto y de forma: de un perro en otro (“Wendy al enrubiecer, parece que enjohnlennoncía”), de un yo en espejo, en otro yo, en otro espejo; de perro en madre... Parecería ser que en el tiempo las cosas no “mueren”, transmutan, migran a otra cosa, a otra forma. Juego. Las palabras también se superponen, se rompen y se mezclan: el “pe-yo”, un mitad perro mitad yo, un devenir de perros y yoes; un “perror”, una transformación “monstruónica”.

 

*Heidegger.


 


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