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Walter
Ch. Viegas
Nieve, Libros de Tierra Firme, 1999
por María Mabel Pan
Queremos leer Nieve y desde el índice nos encontramos con un sistema donde los poemas están fuertemente unidos bajo el mismo nombre. Todos llevan la marca de uno en el todo. Buscamos hoja tras hoja, encontrando como preciosa miniatura, poema tras poema que forma parte del mismo blanco.
Las palabras en este libro parecen caer copo a copo y formar detenidas figuras de cristal. Como en un sueño con tiempo pretéritos, el yo que se enuncia recuerda (entonces jugábamos... )con nostalgia un pasado de amor. Las palabras construyen una historia entre dos seres , anunciando la separación (solíamos tener un alma nosotros dos/ hoy son dos tristezas separadas) y poco a poco la muerte de esa presencia.
El viento, la tormenta, la nieve helada conforman en tiempo presente, ese espacio vacío, esa ausencia infinita. Desaparece la calidez y se desnudan las azules agujas del frío. El cuerpo, como tallado en mármoles blancos, parece estar inmovilizado observando la degradación de sí mismo. Y antes del desenlace final, sublime y calmo, evoca el souvenir como recuperación simbólica de lo verdadero, de lo significativo para su existir.
Para cada uno de los que me hubieran amado / Guardo el sonido de un recuerdo /El sonido como el ojo de una aguja /Como una gota cayendo en un estanque / ( y a veces mis brazos / para que el amor se aferre a mi cuerpo/ y no me deje)