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Liliana
Ponce
Teoría de la Voz y el Sueño,
Tsé~Tsé,2001
por Romina E. Freschi
Un hilo de seda propia que teje las alas de la mariposa.
El ser como tiempo y cada
palabra como un espacio que explorar, donde expandirse, desperezarse, sorprenderse
de la a-parición propia en una forma, en otra forma más.
Tiempo, forma y fuerza aparecen
ligados a una conformación, o al menos a un pantallazo, del ser, de la
eternidad, del todo. Voz-tiempo, sueño-forma; voz-forma, sueño
eterno, y teoría-fuerza entregándose a la poesía como a
un mar que lo posee todo: tiempo, forma, fuerza y azul: azul mar y azul ojo:
conciencia de ese mirar, mirar el mar.
Conciencia poética, inconciencia, límite, alma, Psique, seda.
La poesía como tiempo, forma, fuerza y azul (verde), seda que lo cubre y lo transforma, traduce y transluce todo, hasta a sí misma, y su duda. Esa transparencia es lo que se explora, su borrosidad inasible es una duda esencial que acompaña cada paso de lo aparente.
"Escribir
es hoy un vacío"
Repite tres veces el primer
poema, poema que aún así, preside un libro entero.
"Escribir
es hoy un vacío"
Pues escribir es un verbo, una acción y una pasión, un transcurso, un cambio, una metamorfosis, un pasaje de la voz a la hoja, del tiempo al espacio, una travesía, es decir, un atravesar, un pasar a través de, como la vida. Se atraviesa la vida misma. Y también se atraviesa la poesía, en el acto de la escritura. El camino se hace sólo al caminar.
"La
forma es la lunación.
Respiro el olvido a través de tu ojo azul."
Dice el poema más corto del libro, el poema-piedra, el poema-amuleto (mágico porque encierra y expande a la vez). La forma no es sin el tiempo, el cambio. El cuerpo guarda el transcurso de la vida a través del ritmo de la vida misma, de la respiración. La vida es vivir. Lo vivido, lo muerto, se olvida para volver a vivir. La escritura es escribir, como vivir, siempre al borde de la muerte.
Vida y poesía, no. Vivir y escribir.
Experiencias de distinta índole, o de distinto tamaño (forma), pero experiencias al fin, que deben transcurrir. Lo experimentado ya está quieto, la experiencia es lo que se está experimentando. La muerte es la vida, en el olvido, de lo ya escrito.
El libro termina efectivamente escrito, como algo irrecuperable por su quietud, por su propia tangibilidad:
"Y
ahora el lenguaje como trama de muerte y de posibles,
su inasibilidad, la caducidad de lo dicho
lo inhallable de lo escrito:
boca y voz, no pueden encontrarse."
La mariposa parte y el éxtasis queda ahora sólo para el lector y su forma de gozar.