Libros

Mercedes Roffé
Antología Poética, Fondo Editorial Pequeña Venecia, 2000

por Ximena Espeche, Romina E. Freschi y Karina A. Macció

 

(Texto leído durante la presentación de este libro en Buenos Aires, el 6 de diciembre de 2001)

 

 

Palabras
Palabras
Palabras

Entonces pienso en una Antología y encuentro que la re-lectura la anima: tanto le da vida como devuelve a sus fantasmas el momento suspendido del canto. Ánima, letanía que se hace grito y señala, en un gesto ambígüo, la convivencia y lucha de los años: 1979 – 1983-1987-1996 // mil novecientos noventa y seis, mil novecientos ochenta y siete, mil novecientos ochenta y tres, mil novecientos setenta y nueve.

"Hace no sé cuántos sueños se inició este viaje". Dice el Canto errante, el libro, el sueño hecho palabras que abre la Antología de Mercedes Roffé. Pero no es el tiempo lo que cuenta, son las palabras, los poemas que tejen otro tapiz, en el que también se inscribe el de Ferdinand Oziel. Este nuevo tapiz poético hecho en distintos tiempos y en distintos espacios (España, Nueva York, Buenos Aires) tiene una cualidad que los pintores barrocos solían utilizar: según el punto en que nos paremos para mirarlo, será la imagen que nos develará. Cada lapso de tiempo, como un lago congelado, guarda una imagen propia, las palabras que la diseñan y la evocan, el sonido que se agita onduladamente tras la materia infinita, trasparencia helada, del poema.

"El tiempo se ha detenido
y sin embargo
hay verbos que acontecen"

El tiempo detenido en un punto. Un punto solo. Estático, congelado, un punto como una piedra, como una gota, una perla. Un punto como un reino. Y un vacío como único espacio. Un punto. Un punto en el tiempo. Hace dos años. Hace no sé cuántos sueños. El punto máximo del ardor ¿cómo se mide? ¿cuál es el punto de esa muerte? ribera del sol ribera de la muerte, "costas que alargan brazos" ¿cuál es el punto? La palabra oh mentida joya ... Diamantes / dientes/ cal /Carrara... sólo palabras/ mar bigote bingo... [...] tren espada. Puntos en su ilusión de ser sólo eso, gestos convertidos en máscaras, caras, planos detenidos de algo que alarga los brazos a su fin como si se detuviese allí. La detención, el congelamiento de las aguas, el lago, el río que no fluye, la ola detenida. El puro presente, sin andamiaje posible.

Leer de atrás hacia delante leyendo de lo más cercano a lo más lejano como un velo se hunde hacia atrás en la memoria

Porque esta antología se plantea como memoria que olvida y recupera lo que desea, lo que puede. Imagina, ("Fábula", "Mascarada") lazos posibles, relaciones, caminos en un río de tiempo que más bien se ha detenido. (A veces ni el río fluye, dice un poema):

Autorretrato que (Fábula, Mascarada dice otro) funciona como un espejo ya no líquido, sino inmóvil; a orillas, en el límite de lo que fue, es y será; una forma de mirarse y mirar, la Antología, una perspectiva detenida que parece no ir ni para atrás ni para adelante: incrustada en la inercia/ como un dolor se encona/ el negror de una rama.

A orillas de un tiempo, del río imagen del tiempo, como imagen tan mentada, mentida y desvestida, pero de un río helado (entonces la imagen mentada se vuelve mentida y así se desviste la imagen, para ver el negror de la noche; para escuchar o proferir la lengua negra del vate): Autorretrato a orillas de un rio helado el nombre de uno de los poemas de La noche y las palabras, de 1996.

El río y por debajo del río, alguna corriente, algo que fluye, se sostiene en la inercia de ese ir y venir de la palabra (repito lo dicho, como un dolor se encona/el negror de una rama), que pierde (como aquel que se refleja en el río) lo que nombra.

Y qué hacer si ni el río fluye y la pérdida de la palabra está allí.

Y sin embargo, hay verbos que acontecen.

Cada punto es un rito. "Hubo otro primer día", otro punto, otra sangre, otro poeta, de quién serás dicha ser. El tiempo, detenido en cada punto, eterno en cada uno, es también una sucesión de ellos, una línea, una cadena diacrónica y un cordón umbilical de extraños y milagrosos parentescos. El rito verifica y actualiza esa duración y, en ella, el punto como un tick/ como un hipo/ como un bajo continuo/ gotas hay que horadan/ aguas hay que corren/ ciudades sumergidas/ y castillos de arena/ castillos en el aire. El punto en su tiempo, en su repetición, se sostiene como tal, al tiempo que deviene otra cosa de sí, cadena, enredadera, oración, tejido, camisa bordada, Vocerío - no voz.

Hora tras hora, la tela se va cubriendo de inéditas escenas que un punzón traza a tientas. Dudando de la mentira, el tapiz de Mercedes Roffé se va tejiendo en la detención de cada ladera de la máscara, y en las sucesión de esas caras, la Mascarada, intentando siempre decir el punto ciego, aquello que "es tanto y tan variado que no ha de poderse nombrar".

"Campanillas. Cruces. Perlas en hileras sostenidas por fláccidos cuellos blancos empolvados (...) Detrás de la muralla, los muros almenados de una cárcel. Entrechocarse de esclavas. Porcelanas, cristales, azules o bermejos, según fueran de Flandes o Venecia. Qué arte ensayarían..."

En este tapiz todo suena y brilla, hasta en el encierro. El lenguaje, al igual que los colores y los sonidos, impone sus restricciones, los barrotes tras los cuales podemos ver, pero también esa cárcel, como un vidrio opaco, puede llegar a desaparecer, a iluminarse y proyectar un fuera de sí. Desde la cárcel, la torre o la oscuridad nocturna, desde el lugar mínimo y solitario, la poesía de Mercedes es música y luz que irrumpe proyectando ese tapiz complejo, bordado de palabras, "oh mentida joya": perlas, canutillos, vidrios de colores, texturas exquisitas, líneas que trazan una multiplicidad de reflexiones, efectos de luz espejada, nombres y oraciones entonadas. Según donde nos paremos:

"acróbata y ciega"
"monja loca"
"amada en Amado transformada"
"Yo-la Amada en el Amado"
"enredadera"
"Hermana Ana, hermana Ana"
"una sola sombra"
"la niña"
"un madero"
"un niño demente salido de mi cuerpo/ con una cítara por destino"
"diamantes/dientes"
"el negror de una rama"
"Vocerío – no voz"
"Lo volátil"
"El susurro del agua"

Estar en Mayo - en latín abril. Punto sobre punto y de punto a punto, el tiempo se levanta como un arco triunfal, una parábola, línea de unión que es pasado en el presente y futuro de la memoria, duración del mármol, pasaje, eternidad, ilusión de LA LUZ, en medio de la Noche transfigurada que aun sin trama, sin andamiaje posible, inevitablemente/ se sostiene.

La Antología no como salvación, como el lugar del resguardo (qué hacer si ni el río fluye) sino como el lugar donde las tensiones entre eso que se llama ausencia y a lo que se le dice presente está allí, y se escapa (como el río que fluye debajo del río congelado y es el río congelado): volver una y otra vez sobre lo que se escapa.

Si la palabra construye mundo, lo pierde cuando dice mundo; y cuando lo pierde y lo transforma, porque ese es su sino de palabra, ¿qué hacer? No hay Antología que diga qué hacer: (oh mentida joya/ la palabra), dice en 1979.

El tiempo presente es el tiempo del transcurso, línea que atraviesa un territorio y marca un recorrido pero que en presente - perecente - solo se recorre, se recorre. Estoy aquí pero vengo de allá v voy hacia allí. Cada madero se incrusta a otro madero - La intersección. El devenir del aquí, espacio, río congelado, lago que se extiende casi detenido como una pintura desde el allá y hacia el allí, del pasado y del futuro casi inasibles, como la música. Así, el cada uno y el total como tiempos opuestos, el cronos y el aión, sincronía y diacronía, son dos líneas que se cruzan y se frotan... ¡Y es ése el punto del ardor! del límite, punto desconocido, iluminación del profeta, el poeta, situado en la encrucijada, vidente de la Historia y las historias y de la no historia también. El cambio que no cambia, el viaje que enhebra lo mismo en la historia de la eternidad Venimos desde antiguo en naves/ diciéndonos lo mismo. De esa imagen congelada en el tiempo, como en las pinturas, que atrapan el tiempo en el espacio, la nave viene todavía y lo que se dice se prolonga, como un eco, en el tiempo, y nos evoca en él el espacio capturado. ¿Es posible un lugar musical? ¿un cuadro que suene?

Ahí, en ese sólo punto mágico, ése que es todos los puntos, donde el choque se produce, ahí, hay gato encerrado en su propio maullido o ronroneo. Ese ronroneo que se levanta en la noche, mentiroso a veces, encantador como una música, es la única tela translúcida del poeta, ambar duro y transparente para su oficio inasible, lo volátil, el sostén de la noche.

La poeta maga convoca y configura su tapiz inagotable. Película que con el movimiento de la voz o el pasar de las páginas cambia de forma, nos revela un lado más de la lengua, nos lanza al territorio de la imaginación plena, la que tiene un cuerpo que siente y mira por todos lados, que canta, reza o invoca al decir. El tapiz antológico, de mil hojas que se descubren, en una noche estrellada.

 

 


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