Gaby Berardi


Espejos

Cansado de esperar en los rincones del ocaso.
Vuelvo hacia el lugar donde la galaxia proyecta la sombra
de mi muerte en vida...
Nada es todo y todo es algo: evanescente,
sutil, mezquino y vano.
Hoy he visto la luna conjurada por la hechicera
que en otro tiempo fui,
y dormí junto al murmullo de las olas del mar:
turbio, encrespado, sangriento.

Soy la sombra de una emoción extraña.
Soy la eterna pasajera de un tren fantasma.
La imagen del esperpento de algo heroico
que el amor transformó en cieno, en lodo,
en fatal espada que destruye mis entrañas.

Miro tus ojos en el cenit de mi vida
y siento la congoja de haber sido
aquella española de lamento triste.
Canción desahuciada de los mártires
y he vuelto para ser esto: un epitafio
con forma humana, puro ser.
Sólo para contemplar tu rostro de ángel
y llorar en silencio la desilusión del no ser.
Miro tus ojos ajenos a mi deambular.
Observo desde otro mundo extraño
y me doy cuenta casi por completo que yo soy
tu muerte, y tú.... tú tienes mi vida...

 


Imagen

Peregrino incesante
de un camino sin retorno
busco a ese otro que habita en lo rojo
aquél que, disfrazado de loco,
deambula tras los últimos destellos
de la luz del sangriento boulevard.
Desando mis pasos hacia el origen
y vuelvo a ver la cara de Dios
reflejada en aquél, en el otro
que peregrina incesantemente
bajo una luna inquietante
apocalipsis de un hombre que
persigue su espejo,
duerme en los agujeros de las estrellas caídas.

Muere
de golpe,
al estallar el día
y vuelve a nacer...
para caminar los pasos
que otro hombre ya caminó.

 


Tedio

El cielo negro,
ávido de nubes azules
envía cuervos negros como la mirada
del reloj acompasado que observa la vida pasar.
Los días y las noches se entrechocan,
sobre el filo macizo de nuevos despertares.

Mientras la ciudad sueña con el carnaval,
atiborrado de máscaras y sonrisas de cartón
escondido entre los antifaces que sucumben
ante la realidad perpetua del tiempo
que pasa y pasa...
Y jugamos a la felicidad,
y jugamos a ser,
jugamos a una vida que se escurre
de las manos, como el agua marina,
quieta, mansa, renovada,
nunca es la misma,
cambia,
metamorfoséase en vapor impune
que devuelve a la galaxia
la sombra maligna de un anochecer
al filo de la luna del viejo aquelarre.

Crudo, el mar desmiente las palabras
del conjuro...
humanoides que ya no hablan...
y se observan sobre el boulevard,
sobrevolado por los cuervos del ocaso eterno,
del vendaval en llamas,
en brisa, en ayeres.
Hoy he vuelto a mirar la negra cima
donde habitan las aves
y las observo morir en el regazo de la luz solar,
mientras la ciudad calla,
y el mar....Dónde está el mar?....
Dónde escondió su última morada
de tiempo perenne?

Hoy he visto el cielo brumoso.......
...... ....... ....... ....... ....... ....... .......
Llueve en Buenos Aires.

 

 

Darkness

Duerme la noche eterna
cobijando las pasiones de los h‚roes sagrados.
Invaden el lecho brumoso de las espadas,
millones de calas vacías de aroma,
macizos sopores de negros silencios
aquietan las palabras tenues...
de aquellos fantasmas que vuelven a contarnos
dónde, cómo y cuándo el amor, un día,
se desintegró.

Observo desde la penumbra
la última telaraña sobre la foto
de aquella vieja actriz envuelta
en capelinas multicolores: desnuda,
eterna.
Oh nácar de los últimos esbozos!
Oh retrato de los últimos anocheceres!
Dejad a la noche amarme con su dulce sabor a espasmo
y conviértanme en murciélago, que vuele sobre las tormentas
el granizo, la nieve, la ola marina que sube
hasta la cima y toma la forma
de mil tiburones grisáceos.
Como la mariposa oscura de los últimos tiempos,
de los últimos días.
Descansan los héroes, abandonando su espada.
Sueñan las brujas con el eco del trueno
para revivir su alma perenne, aman
en silencio el agua y la tierra convertida en lodo
sobre millones de insectos
que besan las rojas bocas que en otro
tiempo fueron....
sonrisas amables y gestos adustos.

Volví a ver a la mujer de blanco
con su ramo de flores sobre los epitafios
coronando la dicha del deambular eterno...
como la noche... mi amante.... escondrijo
de pasiones indecibles, profanas.
Anoche llovió en el cementerio.

 


Un día (Hombre Gris)

Un día volar‚
hacia la soñada inmensidad de la noche
recorreré las esquinas empedradas donde
los cadáveres de las plantas asoman al cielo.
Un día volar‚
y no habrá más pasado en el abismo
ni existir bruma en el alma.
Caminaré descalza por el puente más alto
donde las princesas vigilan los lagos
de turbia escarcha.
Un día escapar‚ hacia la nada,
y sólo escuchar‚ el rumor de las voces,
azoradas, conspirando en el pétreo silencio
y contemplar‚ tus bellas pupilas,
y el néctar feliz de tu boca de marfil,
hundidos en la devastación de las sombras
de los viejos olmos enmohecidos.
Un día volaré, hombre gris,
y te devolveré mi destino
me tragaré tu corazón
arroparé tu cadáver junto al mío.
Exabrupto, desfalleciente hombre gris.
Yacer. Morir.
Amar. Partir de nuevo.
Volaré hacia ti
y tú, luz de luna,
eco de trueno, sombra del hombre gris.
Tú,
me entregarás el dulce llanto
de tu maldita canción de amor.

 

Gaby Berardi nació en Buenos Aires en 1970. Es actor y poeta. Participa del teatro under desde los '80 y formó parte del Circo de Poesía de José Sbarra.

 

...más poesía De-géneros

Volver a Inicio de Poesía De-géneros